LeBron James vivió este sábado una de las noches más discretas de su larguísima carrera.
LeBron James vivió este sábado una de las noches más discretas de su larguísima carrera. La estrella de los Philadelphia 76ers firmó apenas ocho puntos en la derrota de su equipo ante los Cleveland Cavaliers, en un partido de la fase de grupos de la NBA Cup en el que la defensa local lo cerró por completo y lo dejó sin ritmo de principio a fin.
El registro no es uno más en la hoja del máximo encestador de todos los tiempos: fue apenas la décima ocasión en 1.630 partidos de temporada regular en la que LeBron James no alcanza la barrera del doble dígito en anotación. Un dato que dimensiona la rareza de la noche: en más de dos décadas de carrera, contadas veces el astro había quedado reducido a una cifra tan baja.
LeBron James, sin ritmo ante la defensa de Cleveland
Los números describen el atasco ofensivo. LeBron James convirtió solo 3 de 12 tiros de campo, falló sus cuatro intentos de triple y sumó seis pérdidas de balón en 31 minutos sobre la cancha. La clave de la contención de Cleveland pasó por cerrarle los caminos hacia la pintura, donde el veterano apenas convirtió 2 de sus 6 intentos, obligado una y otra vez a soltar el balón o a forzar lanzamientos incómodos.
Donovan Mitchell y Evan Mobley destacaron tras el partido el plan táctico de los Cavaliers para forzar los descuidos del astro, y el plan funcionó: la actuación cortó una racha personal de 396 partidos seguidos anotando al menos diez puntos y dejó un antecedente curioso en ese mismo pabellón, donde su marca más baja databa del 30 de diciembre de 2004, cuando apenas sumó tres tantos frente a Houston.
«No siento un buen ritmo en ataque»
El propio LeBron James hizo autocrítica al terminar el encuentro. «Definitivamente no siento un buen ritmo en ataque. Tuvimos algunos buenos momentos, pero cometí demasiadas pérdidas de balón», reconoció la estrella, en un reflejo del desajuste de unos 76ers que encajaron su segunda peor derrota en Cleveland con el veterano en cancha.
El regreso a la que fue su casa tampoco tuvo el guion habitual. Aunque recibió aplausos iniciales al ser presentado con el quinteto titular, LeBron escuchó abucheos durante el desarrollo del duelo y esta vez no contó con el video de homenaje que la franquicia solía proyectar en sus visitas anteriores. El oriundo de Akron restó importancia al ambiente: «Nada puede ser peor que la recepción del 2 de diciembre de 2010. He visto desde lo más profundo del infierno hasta lo mejor; cualquier cosa intermedia es dinero fácil».
Lo que sigue para Philadelphia
Pese a la derrota, los 76ers mantienen un inicio sólido de campaña con balance de 8-2, aunque su registro como visitantes en Ohio quedó en 9-5 tras tres caídas consecutivas en Cleveland. El equipo de LeBron James buscará pasar página de inmediato: este domingo visita a los Chicago Bulls, en un partido donde la estrella intentará recuperar el ritmo que se le negó por completo frente a los Cavaliers.
Una rareza en una carrera de constancia
La estadística ayuda a entender por qué la noche dio la vuelta a la liga. Diez partidos por debajo del doble dígito en 1.630 encuentros de temporada regular equivalen a una excepción por cada 163 partidos: la regularidad anotadora de LeBron James ha sido durante más de dos décadas una de las constantes más fiables del deporte profesional, y por eso cada noche en la que no aparece resulta, en sí misma, una noticia.
Para un jugador que ha hecho de la constancia su sello, la de este sábado quedará como una rareza estadística: la noche en que Cleveland, su antigua casa, encontró la fórmula para frenar a LeBron James como casi nadie lo consigue.