La inflación y la guerra en Irán se han convertido en los dos factores que definirán el voto en las elecciones de medio término de Estados Unidos.
La inflación y la guerra en Irán se han convertido en los dos factores que definirán el voto en las elecciones de medio término de Estados Unidos, que se celebran este martes 3 de noviembre con todo el Congreso en juego. A cuatro días de la cita, el costo de la vida se mantiene como la principal preocupación de los votantes, por encima de la inmigración y de las redadas del ICE, y la ventaja que los demócratas llegaron a tener en las encuestas se ha estrechado de forma notable en la recta final.
Elecciones de medio término: la ventaja demócrata se estrecha
El sondeo del New York Times y el Siena College publicado el 27 de octubre lo resume con claridad: en la llamada papeleta genérica, la que pregunta por qué partido votaría cada elector si las elecciones fueran hoy, los demócratas ganan ahora por solo un punto a los republicanos. Hace apenas un mes, esa misma encuesta les daba una ventaja de seis puntos. El promedio de sondeos de RealClearPolitics, por su parte, sitúa la delantera demócrata en 3,3 puntos, una distancia corta para una elección en la que el partido del presidente suele partir con desventaja.
El contexto económico explica buena parte de ese movimiento. La gasolina volvió a superar los tres dólares por galón por primera vez desde que comenzó la guerra, un dato visible para cualquier votante cada vez que pasa por una estación de servicio. El descontento con el costo de la vida golpea directamente al Gobierno: solo el 33 % de los encuestados aprueba la gestión de Donald Trump en ese terreno, y apenas el 29 % respalda su manejo de la guerra en Irán.
Trump, con su aprobación más baja del período
La aprobación general del presidente también llega a la cita en su punto más bajo: el promedio de RealClearPolitics la sitúa en el 42,9 %. Trump ha centrado buena parte de su discurso reciente en la guerra contra Irán, un tema que los analistas consideran alejado de las preocupaciones cotidianas de gran parte del electorado, mientras los republicanos cargan con el desgaste natural de ser el partido que gobierna.
La historia tampoco juega a favor de la Casa Blanca. Desde principios del siglo XX, el partido del presidente en ejercicio ha perdido las elecciones de medio término en todas las ocasiones salvo dos excepciones: 1934, con Franklin D. Roosevelt en plena Gran Depresión, y 2002, con George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre. En promedio, el partido gobernante pierde unos 26 escaños en la Cámara de Representantes.
La participación será otro factor decisivo. En las legislativas vota menos gente que en unas presidenciales, y el electorado que sí acude tiende a ser de mayor edad. Los demócratas muestran más entusiasmo que los republicanos a pocos días de la jornada, pero su talón de Aquiles puede ser la menor participación juvenil. Los votantes independientes, como en cada ciclo, aparecen como el grupo que puede inclinar distritos enteros.
Qué pronostican los analistas para el Congreso
El Cook Political Report, una de las referencias más seguidas del análisis electoral estadounidense, prevé que los demócratas se queden con la Cámara de Representantes y que el Senado permanezca en manos republicanas. Pero incluso ese escenario está lejos de ser seguro. Connor Smith, investigador del Institute for Policy & Social Research, advierte de que si la ventaja demócrata en la papeleta genérica se mantiene dentro de una diferencia de entre cero y dos puntos, existe una alta probabilidad de que los republicanos retengan la Cámara.
Los demócratas también enfrentan sus propios riesgos. Analistas de ambos partidos coinciden en que parte de la retórica demócrata, incluidas las referencias a un posible cierre del Gobierno y a medidas extremas, está alimentando el discurso republicano sobre crimen e inmigración, dos temas en los que el partido de Trump conserva ventaja en las encuestas.
El veredicto se conocerá el martes, en una jornada que ya mueve cifras récord de participación anticipada: más de 48 millones de estadounidenses ya votaron antes de la apertura oficial de los centros. En paralelo, la campaña sigue marcada por los choques judiciales sobre el conteo, como el fallo del Noveno Circuito que mantuvo el conteo de 20.000 votos en California, y por el regreso de Trump a la carretera con mítines en Iowa y Kansas en la recta final. Con las encuestas tan cerradas, el bolsillo y la guerra, más que ningún eslogan, parecen tener la última palabra.