La crisis en Polonia escaló este viernes por la noche en Varsovia.
La crisis en Polonia escaló este viernes por la noche en Varsovia, donde la Policía desplegó un amplio operativo alrededor del Tribunal Constitucional tras la suspensión de su presidente, Bogdan Święczkowski, y de su vicepresidente, Bartłomiej Sochański. La tensión frente a la sede de la corte llevó al presidente del país, Karol Nawrocki, a dar media vuelta al avión en el que viajaba a Senegal y anunciar su regreso inmediato, mientras el primer ministro, Donald Tusk, defendía la medida como necesaria para restaurar el Estado de derecho.
Según informó la Policía de Varsovia, tres personas fueron detenidas por saltar la valla e irrumpir en el recinto, en medio de una concentración de simpatizantes del partido Ley y Justicia (PiS) contra la suspensión de la cúpula del tribunal. Los agentes precisaron que no ingresaron en el edificio ni actúan contra la guardia interna, y que el operativo se puso en marcha a petición del fiscal general y ministro de Justicia, Waldemar Żurek, y de una jueza de la propia corte, ante el riesgo de agresiones contra jueces y trabajadores y de alteración del orden público.
Crisis en Polonia: una jueza suspende por un mes a la cúpula del Constitucional
El detonante de la jornada fue la decisión de la jueza Anna Korwin-Piotrowska, la magistrada de mayor antigüedad entre los nombrados en la actual legislatura, quien asumió la dirección provisional del tribunal y apartó durante un mes a Święczkowski y a Sochański, elegidos en 2024 y 2025 bajo el anterior Gobierno. Los perfiles de ambos desaparecieron de la página web de la institución, aunque el entorno del presidente suspendido sostiene que sigue en el cargo y que cualquier actuación contra la corte es ilegal.
Las dos facciones de magistrados que conviven en el Constitucional se niegan mutuamente la legitimidad. Esa parálisis viene de lejos: el tribunal se niega a admitir a los nuevos jueces elegidos por el Parlamento en marzo de 2026, mientras Nawrocki rechazó tomar juramento a tres de los seis magistrados propuestos por la mayoría actual, y el propio Święczkowski bloqueó la Asamblea General y la incorporación de los nuevos miembros.
Nawrocki vuelve de Senegal y el PiS habla de golpe de Estado
Nawrocki, aliado del PiS y adversario declarado de Tusk, anunció en la red social X su regreso inmediato al país con un mensaje breve: «en un momento así, el Presidente debe estar en Polonia». El líder del PiS, Jarosław Kaczyński, presente en las protestas frente al tribunal, calificó lo ocurrido de atentado contra el Constitucional y advirtió de que Polonia se convierte en un Estado policial, en el camino, según sus palabras, hacia el autoritarismo.
Tusk respondió en la misma red social defendiendo la actuación contra la cúpula judicial. «Restaurar el Estado de derecho es nuestro deber. Tras años de arbitrariedad, se trata de un proceso difícil, a veces doloroso, que requiere una acción decidida. No hay otro camino», escribió el primer ministro, para quien la verdadera causa del colapso del órgano es la parálisis provocada por Święczkowski al bloquear la incorporación de los magistrados elegidos por el Parlamento.
Una batalla judicial que dura una década
La politización del alto tribunal comenzó con la disputada reforma judicial impulsada por el PiS entre 2015 y 2023, que enfrentó a Polonia con la Unión Europea por sus ataques a la independencia judicial y llevó a la Comisión Europea a bloquear miles de millones de euros de fondos comunitarios, desbloqueados a partir de 2024 tras la llegada de Tusk al poder. Desde entonces, cada relevo en la corte se convierte en un pulso entre el Gobierno liberal y el bloque ultraconservador.
La noche de este viernes, con la sede acordonada, tres detenidos y objetos lanzados contra los agentes según los reportes de prensa, dejó la crisis abierta y sin un desenlace claro: ni la suspensión de la cúpula está reconocida por los suspendidos, ni las partes aceptan la autoridad de la otra. El regreso de Nawrocki a Varsovia anticipa nuevas jornadas de choque institucional, en un conflicto que ya trasciende los tribunales y vuelve a colocar a Polonia en el centro del debate europeo sobre el Estado de derecho, en una semana en la que el continente también sigue de cerca otros pulsos institucionales, como el de la misión de la ONU en el Sáhara, bloqueada por el veto cruzado de Rusia y Estados Unidos.