Culiacán, la capital del estado de Sinaloa, se ha convertido en un escenario de terror tras una serie de enfrentamientos armados que han dejado un saldo de al menos 15 muertos y más de 20 desaparecidos desde el 9 de septiembre.
La disputa entre dos facciones del cártel de Sinaloa, lideradas por Ismael «El Mayo» Zambada y los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán, ha paralizado la vida cotidiana de más de un millón de habitantes.
Crisis de seguridad y economía en Sinaloa
El conflicto se intensificó después de la detención de «El Mayo» en Estados Unidos el 25 de julio, lo que desató una ola de violencia sin precedentes.
Las autoridades locales han reportado al menos 13 enfrentamientos armados en una semana, lo que ha llevado a la suspensión de clases y la cancelación de las fiestas de la independencia, marcando un hito en la historia de la violencia en la región.
La economía local se tambalea, con comercios cerrados y un aumento en el ausentismo laboral, que ha alcanzado hasta el 50% en algunos casos.
El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ha señalado que la violencia es consecuencia de la lucha interna por el control del territorio entre los seguidores de «El Mayo» y los «Chapitos».
El presidente Andrés Manuel López Obrador ha instado a las facciones a actuar con responsabilidad, mientras que el Departamento de Estado de EE. UU. ha emitido alertas de viaje para la región.
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Impacto en la comunidad y futuro incierto
La situación ha generado un clima de miedo y psicosis entre los ciudadanos, quienes han comenzado a realizar compras de pánico ante la escasez de alimentos.
La presidenta del Colegio de Economistas en Sinaloa ha estimado que las pérdidas diarias por la falta de actividad económica rondan los 567 millones de pesos.
Culiacán, que ya había enfrentado episodios de violencia en el pasado, se encuentra nuevamente en el ojo del huracán, con un futuro incierto marcado por la lucha constante entre grupos criminales que han transformado la vida de sus habitantes en un estado de asedio.


