Estados Unidos se prepara para un golpe que se sentirá en la mesa de millones de hogares. El Departamento de Agricultura confirmó que el 1 de noviembre no se pagarán los beneficios del programa SNAP, la ayuda federal con la que unos 42 millones de personas —una de cada ocho en el país— compran sus cupones de comida cada mes. La causa es el cierre del gobierno federal: sin un acuerdo en el Congreso no hay dinero autorizado para el programa, y la suspensión sería la primera en la historia de esta ayuda.
La advertencia ya llegó a las casas. Al menos 25 estados, entre ellos California, Arkansas, Hawái, Indiana, Misisipi y Nueva Jersey, están notificando a los beneficiarios que en noviembre no recibirán el depósito en sus tarjetas. La agencia federal encargada del programa ordenó a los estados detener la distribución de los beneficios hasta nuevo aviso, y la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, lo dijo sin rodeos: no se puede pagar sin que el gobierno esté abierto.
«Compren comida que no se eche a perder»: el aviso sobre los cupones de comida que corre por los estados
Ante la fecha límite, las agencias estatales y las organizaciones comunitarias están pidiendo a las familias que se preparen ya. La recomendación que se repite en todo el país es usar el saldo que queda en las tarjetas para comprar alimentos no perecederos —arroz, pasta, frijoles, enlatados— y ubicar desde ahora el banco de alimentos más cercano. Los saldos de meses anteriores se mantienen disponibles en las tarjetas, pero en noviembre no entrará dinero nuevo.
En Utah, el Departamento de Servicios Laborales avisó a los cerca de 86.000 hogares que reciben la ayuda de que se preparen para un noviembre sin el pago, y les recordó los recursos locales de emergencia, como la línea 211 y la red de despensas del Utah Food Bank, que reparte alimentos a más de 200 puntos en todo el estado y ya advirtió que su inventario quedará bajo una presión enorme. La División de Servicios para Niños y Familias de la Nación Navajo dio el mismo consejo a sus comunidades: comprar con el saldo restante alimentos de larga duración que se puedan guardar.
Los bancos de alimentos se preparan para una avalancha
Las despensas comunitarias ya sienten la ola antes de que llegue. En Indianápolis, una iglesia del centro tuvo que atender el sábado pasado al doble de personas de lo habitual, y los voluntarios advierten que la demanda seguirá creciendo cuando se corte el beneficio. El programa SNAP mueve unos 8.000 millones de dólares al mes en compras de alimentos, una escala que ninguna red de caridad puede sustituir.
Algunos gobernadores intentan amortiguar el golpe con fondos propios. California acelera 80 millones de dólares para sus bancos de alimentos y desplegará a la Guardia Nacional para ayudar en la distribución; Nuevo México anunció dinero de emergencia para su red de despensas; y en estados como Texas e Illinois —donde casi dos millones de personas dependen del programa— los avisos a los beneficiarios ya salieron. El Gobierno federal, sin embargo, ha advertido que no reembolsará a los estados que paguen los beneficios con su propio dinero.
La pelea sigue en Washington y en los tribunales
La administración Trump se niega a usar el fondo de contingencia de unos 5.000 millones de dólares reservado para emergencias del programa, con el argumento de que la ley no le permite gastarlo sin autorización del Congreso. Organizaciones como el Center on Budget and Policy Priorities sostienen lo contrario: que el Gobierno está obligado por ley a usar esas reservas para mantener la ayuda.
Esa disputa ya está en los tribunales. Veinticinco estados gobernados por demócratas y el Distrito de Columbia demandaron para obligar a Washington a pagar los beneficios de noviembre, y la jueza federal Indira Talwani se mostró escéptica ante la posición del Gobierno. La jueza indicó que su decisión podría llegar tan pronto como este jueves y que, de favorecer a los estados, podría aplicarse en todo el país. Mientras tanto, demócratas y republicanos se culpan mutuamente del cierre y millones de familias hacen cuentas para llegar a fin de mes sin la ayuda con la que compran la comida.