Marilú Paredes, una venezolana de 66 años, se convirtió en la primera venezolana deportada a África por Estados Unidos: el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la detuvo cuando acudía a una de sus presentaciones migratorias obligatorias y, días después, apareció en Bangui, la capital de la República Centroafricana, sola, sin familiares y sin su pasaporte, que según su familia quedó retenido por las autoridades migratorias.
La historia la hizo pública su hija, Maylú López, quien explicó que su madre fue trasladada desde un centro de detención en Luisiana junto a otras nueve mujeres. De acuerdo con los testimonios de las propias afectadas, el grupo creyó que sería llevado a Miami, donde continuaría su proceso migratorio, pero el vuelo terminó en Bangui, a miles de kilómetros de sus familias y en un país con el que ninguna de ellas tiene vínculo alguno.
Venezolana deportada a África: un vuelo que debía llegar a Miami y terminó en Bangui
El grupo de diez mujeres deportadas el pasado sábado estaba integrado, según los relatos recogidos por medios que han seguido el caso, por ocho cubanas, una peruana y Paredes, la única venezolana. Las migrantes denunciaron condiciones precarias tras su llegada a la capital centroafricana: falta de documentación, dificultades para comunicarse con sus familiares y para recibir dinero, y exposición a enfermedades en un entorno que les resulta por completo desconocido.
Para Paredes, la situación es especialmente frágil. A sus 66 años enfrenta la barrera del idioma y limitaciones para moverse con libertad en un país donde no conoce a nadie. Su familia denunció que el ICE retuvo su pasaporte, lo que complica cualquier gestión para obtener documentos de viaje y explorar una vía legal que le permita salir de Bangui y reunirse de nuevo con los suyos.
La familia sostiene que tenía una protección migratoria vigente
López afirmó que su madre contaba con una protección migratoria que impedía su deportación a Venezuela, pese a lo cual fue enviada a un tercer país sin ninguna relación con su caso. Ante esa circunstancia, la familia busca asesoría jurídica para revisar las circunstancias del traslado y determinar si el procedimiento respetó las garantías que protegían a la venezolana deportada a África.
La separación golpea además el centro de su vida familiar: Paredes y su esposo llevan más de 40 años casados. Él permanece en Estados Unidos atravesando una delicada recuperación tras sufrir complicaciones médicas que derivaron en la amputación de una pierna por encima de la rodilla, y sus allegados temen por su estado físico y emocional sin la compañía de su esposa.
Las compañeras de vuelo de Paredes contaron a la prensa que fueron subidas al avión con la versión de que su destino era Miami y que solo al aterrizar supieron que estaban en África. Una de las cubanas del grupo, madre de una niña de seis años con ciudadanía estadounidense, relató que en Bangui «las condiciones son pésimas», sin higiene y con riesgo de enfermedades, mientras otra de las deportadas, que padece hipertensión y anemia, denunció que no ha podido tomar sus medicamentos.
Una campaña para costear la defensa y el regreso
Ante la emergencia, la familia lanzó una campaña de recaudación de fondos para pagar la asistencia legal, las gestiones documentales y las acciones necesarias para intentar traer de regreso a Paredes, un llamado que han difundido a través de redes sociales, entre ellas la cuenta de Instagram @utahzolanos1, vinculada a la comunidad venezolana en Utah.
El caso de esta venezolana deportada a África se suma a las denuncias recientes sobre deportaciones de migrantes latinoamericanos a terceros países africanos con los que no guardan ninguna relación, una práctica que organizaciones y familias cuestionan por dejar a las personas en lugares donde carecen de documentos, de red de apoyo y hasta de un idioma común. Por ahora, la prioridad de los López es una sola: que Marilú Paredes pueda salir de Bangui y volver junto a su esposo y su hija.