Las elecciones en Israel vivieron este martes su momento de mayor tensión cuando el primer ministro, Benjamín Netanyahu.
Las elecciones en Israel vivieron este martes su momento de mayor tensión cuando el primer ministro, Benjamín Netanyahu, acusó a los partidos árabes israelíes y a sectores de la oposición de intentar «robar las elecciones», después de que la Policía detuviera a tres personas sospechosas de participar en una presunta operación de compra de votos en el sur del país. La denuncia llegó en plena jornada de votación, con una participación histórica y con el futuro del propio Netanyahu en juego.
El mandatario, que busca mantenerse al frente del Gobierno, difundió un videomensaje en el que señaló a la izquierda y a las formaciones árabes de intentar alterar el proceso electoral. Sin embargo, las autoridades electorales salieron enseguida a rebajar el alcance del caso: aclararon que las detenciones corresponden a un hecho aislado, que la investigación sigue abierta y que no existe ninguna prueba de un fraude generalizado en los comicios.
Elecciones en Israel: tres detenidos por una presunta compra de votos
Según informó la Policía israelí, los tres sospechosos fueron detenidos en la región del Néguev, al sur del país, bajo la sospecha de intentar comprar votos a favor del partido islamista Raam, la formación encabezada por el político de origen palestino Mansur Abás. Los detenidos son residentes de las localidades beduinas de Segev Shalom y Arara Banegev.
Durante los registros practicados en sus viviendas, los agentes encontraron sobres con decenas de miles de séqueles en efectivo, además de documentos y otros elementos que serán examinados dentro de la investigación. Los tres fueron trasladados a la Unidad de Fraude del distrito para ser interrogados y está previsto que comparezcan ante un tribunal, que deberá decidir si prolonga su detención.
Las autoridades electorales precisaron un dato clave para dimensionar el caso: los sospechosos fueron arrestados cerca de sus residencias y todavía no habían llegado a ningún centro de votación, por lo que no hay constancia de que voto alguno se emitiera a cambio de dinero. Esa precisión separa, por ahora, el operativo policial de las graves afirmaciones del primer ministro. La jornada ya había amanecido con otra denuncia de irregularidades, la del partido Yashar! de Gadi Eisenkot, que acusó una manipulación de sus papeletas en varios colegios.
Una participación que no se veía desde 1977
Mientras avanzaba la investigación, la votación registraba cifras excepcionales. Según los datos publicados al mediodía por la Comisión Electoral Central, el 31,5 % de los ciudadanos habilitados ya había ejercido su derecho al voto, tres puntos porcentuales más que en las elecciones de 2022 y el nivel de participación más elevado a esa hora desde 1977.
Netanyahu acudió a votar en un colegio electoral de Jerusalén acompañado de su esposa, Sara, y después exhortó a la población a acudir masivamente a las urnas. «¡Vayan a votar!», expresó el mandatario en un mensaje dirigido a los israelíes. En sus declaraciones, el líder del Likud manifestó además su preocupación por los niveles de participación registrados entre los ciudadanos árabes israelíes, particularmente en el sur del país, y aseguró que la movilización de ese sector superaba en algunas zonas a la de los votantes judíos.
El Gobierno que viene se decide en las alianzas
Los comicios son los primeros que celebra Israel desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza, y llegan con las encuestas previas situando al bloque de Netanyahu por debajo de la coalición encabezada por el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot, el pulso que ya marcó la víspera electoral entre Eisenkot y Netanyahu.
En ese escenario, las formaciones árabes pueden desempeñar un papel decisivo en la conformación de una mayoría parlamentaria, lo que explica la dureza del mensaje del primer ministro: presentó los comicios como una disputa directa entre la continuidad de su coalición y un posible gobierno integrado por fuerzas opositoras y partidos árabes. La composición del próximo Ejecutivo dependerá de la distribución final de escaños y de los acuerdos entre bloques, en una noche electoral en la que cada voto —y cada denuncia— cuenta.