Cada vez más migrantes en México están cambiando el rumbo de su viaje: ante el cierre de puertas decretado por el presidente Donald Trump en Estados Unidos, miles de venezolanos, cubanos, haitianos y centroamericanos decidieron dejar de mirar hacia el norte y echar raíces en territorio mexicano, donde buscan trabajo, tramitan refugio y rehacen su vida.
El giro lo mide la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Según un sondeo citado por la agencia AFP, a principios de 2025 cerca de cuatro de cada diez migrantes que transitaban por México pensaban continuar el viaje hasta Estados Unidos; hoy, en cambio, alrededor de nueve de cada diez dicen que planean quedarse en México. El país que durante años fue corredor de paso se está convirtiendo, a la fuerza, en destino final.
Por qué los migrantes en México cambian de ruta
El punto de quiebre fue el regreso de Trump a la Casa Blanca. El 20 de enero de 2025, el mismo día de su toma de posesión, su Gobierno desactivó la aplicación CBP One, la vía que permitía pedir cita para solicitar asilo en la frontera, y después canceló el parole humanitario que había beneficiado a venezolanos, cubanos, haitianos y nicaragüenses. A eso se sumaron las deportaciones masivas, las redadas del ICE —cuya actuación sigue bajo escrutinio, como muestra el caso del ciudadano estadounidense detenido en Indiana— y la presión sobre México para frenar el tránsito hacia el norte.
Con la frontera prácticamente sellada, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) se convirtió en la puerta de entrada a una nueva vida: entre enero y septiembre de este año recibió 133.683 solicitudes de refugio, una de las cifras más altas de su historia, mientras las oficinas de empleo y los albergues de Ciudad de México, Tapachula y otras ciudades registran cada vez más personas que ya no preguntan cómo seguir viaje, sino cómo quedarse.
Echar raíces: trabajo, papeles y una segunda oportunidad
Detrás de las cifras hay historias como la de Yulexi Martínez, una cubana de 35 años que llegó a México en 2024 con la idea de cruzar a Estados Unidos y hoy trabaja en un salón de belleza de la capital. «México me acogió», resume, decidida a quedarse. O la del venezolano Moisés, de 33 años, que vio cerrarse su camino en el norte y terminó levantando en México un negocio de comida de su país, con el que sostiene a su familia.
Arraigarse no es sencillo. Especialistas como Eunice Rendón, de la organización Agenda Migrante, advierten que los recién llegados enfrentan salarios bajos, trámites de refugio que pueden tardar meses, dificultades para conseguir el permiso de trabajo y episodios de xenofobia. Aun así, la tendencia parece consolidarse: con escuelas para sus hijos, pequeños negocios y solicitudes de residencia en curso, los migrantes en México están escribiendo un capítulo que nadie planeó: el del país que iba a ser solo una escala y terminó siendo el destino.