El féretro del papa Francisco fue trasladado en papamóvil desde la Basílica de San Pedro hasta la Basílica de Santa María la Mayor, cumpliendo así el deseo expresado por el pontífice en su testamento. El cortejo fúnebre, que recorrió el corazón de la capital italiana, estuvo acompañado por decenas de miles de fieles y se convirtió en un acto de despedida multitudinaria y profundamente simbólica para el primer papa latinoamericano de la historia.
Último adiós al Papa Francisco
El día comenzó con la misa exequial en la plaza de San Pedro, presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, y seguida por líderes internacionales y cerca de 200.000 fieles. Tras la ceremonia, el féretro fue llevado por los sediarios pontificios al papamóvil, que lo condujo por una ruta solemne y cuidadosamente planificada, atravesando lugares emblemáticos de Roma. Durante el trayecto, la ciudad se volcó en un adiós multitudinario: gritos de «¡Grande, grande!» y «¡Viva el Papa!» se escucharon al paso del cortejo, mientras autoridades italianas dispusieron pantallas gigantes y cortes de tráfico para permitir que la población siguiera cada momento del histórico recorrido.


La llegada a la Basílica de Santa María la Mayor estuvo marcada por la presencia de cuarenta personas -entre ellas desfavorecidos, algunos reclusos y niños- que aguardaban en la escalinata de entrada, cada uno con una rosa blanca como homenaje al papa que tantas veces visitó este templo mariano. El féretro fue recibido con oraciones y aplausos, y llevado en procesión hasta uno de los laterales de la basílica, donde Francisco había pedido ser enterrado, junto al icono de la Virgen «Salus Populi Romani», objeto de su profunda devoción personal. La imagen del féretro frente al icono mariano fue la última transmitida en directo.
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El funeral del papa Francisco fue escenario de una inédita convocatoria de líderes internacionales. Según datos oficiales del Vaticano, asistieron al menos 130 delegaciones, incluyendo más de 50 jefes de Estado y 10 monarcas reinantes. Entre los presentes destacaron el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acompañado por la primera dama Melania; el presidente de Argentina, Javier Milei, junto a su hermana Karina y varios ministros; y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, con su esposa Janja.. También asistieron el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski; los reyes de España, Felipe VI y Letizia; y el príncipe William del Reino Unido, además de otros monarcas europeos y líderes como Emmanuel Macron (Francia), Frank-Walter Steinmeier (Alemania), y el primer ministro británico Keir Starmer.

El entierro fue sencillo y privado, en consonancia con el deseo del papa de evitar toda ostentación. La tumba, situada entre la Capilla Paolina y la de la familia Sforza, es una sepultura en tierra con una lápida de mármol blanco, la inscripción «FRANCISCUS» en latín y una reproducción de su cruz pectoral en plata. Cuatro niños depositaron cestas de flores blancas en la capilla.

La presencia de estos mandatarios subrayó la dimensión global del pontificado de Francisco y la relevancia histórica de su despedida. Las delegaciones internacionales incluyeron representantes de organizaciones como la ONU, así como presidentes y altos funcionarios de América Latina, Europa, África y Asia, reflejando el alcance universal del legado del papa argentino.


