El autoritario líder bielorruso, Alexander Lukashenko, ha sido reelegido para un histórico séptimo mandato en las elecciones presidenciales celebradas el domingo 26 de enero de 2025. Con un abrumador 86,82% de los votos, según los resultados oficiales preliminares, Lukashenko extiende su gobierno, que comenzó en 1994, hasta al menos 2030. Sin embargo, esta victoria ha sido objeto de intensas críticas y denuncias de fraude electoral tanto por parte de la oposición en el exilio como de las cancillerías occidentales.
Durante una rueda de prensa en Minsk, Ígor Karpenko, presidente de la Comisión Electoral Central (CEC), declaró: «Pueden felicitar a la República de Bielorrusia, hemos elegido presidente». A pesar de estas afirmaciones, la líder opositora Svetlana Tijanóvskaya aseguró que «todos los intentos de legitimar el régimen de Lukashenko han fracasado», señalando que las condenas internacionales a las elecciones se produjeron incluso antes de su celebración. La oposición había instado a sus seguidores a marcar la opción «Voto contra Todos» como forma de protesta pacífica ante la represión sistemática que han sufrido en los últimos años.

La situación actual es un eco del tumultuoso contexto electoral de 2020, cuando Lukashenko fue acusado de fraude masivo y enfrentó protestas masivas que casi lo derrocan. En esta ocasión, con todos los opositores relevantes encarcelados o en el exilio y sin colegios electorales habilitados en el extranjero, el panorama electoral se presentaba desolador para cualquier forma de oposición real. La opción del «Voto contra Todos» recibió un 3,60% de los sufragios, convirtiéndose en el segundo candidato más votado.
Lukashenko necesitaba una victoria contundente tras las turbulencias políticas del pasado. Sin embargo, sus otros cuatro oponentes no lograron captar el apoyo popular; juntos apenas alcanzaron el 4% de los votos. El comunista Serguéi Sirankov fue el tercero con un 3,21%, seguido por Oleg Gaidukévich (2,02%), Anna Kanopátskaya (1,86%) y Alexandr Jizhniak (1,74%). Kanopátskaya fue la única que se atrevió a criticar abiertamente al régimen y llamó a una reforma del sistema político y económico.

La participación anticipada fue significativa; casi la mitad del electorado votó antes del día oficial, lo que ha sido interpretado por la oposición como una estrategia para facilitar manipulaciones. En este contexto, Lukashenko se presenta como un líder indiscutido en un país donde las voces disidentes han sido silenciadas.
La reelección de Lukashenko ha sido recibida con desdén por parte de Occidente. Estados Unidos y la Unión Europea no reconocen su legitimidad y han denunciado las elecciones como una «farsa». A pesar de esto, Lukashenko se mostró desafiante ante las críticas internacionales durante su rueda de prensa: «Nosotros siempre estamos dispuestos [a normalizar relaciones], pero ustedes no quieren. Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Inclinar la cabeza o arrastrarnos?».
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Además, Lukashenko ha enfatizado su intención de mantener las armas nucleares tácticas desplegadas por Rusia en Bielorrusia y ha anunciado la llegada inminente de misiles hipersónicos rusos como respuesta a las acciones estadounidenses en Europa. Este enfoque militarista refuerza su alianza con Moscú y subraya su resistencia a ceder ante presiones externas.
En cuanto al futuro político del país, Lukashenko mencionó que comenzará a pensar en un sucesor tras estas elecciones. Sin embargo, desestimó la posibilidad de que su hijo Kolia asuma el cargo y descartó que una mujer pueda ser dictadora: «Rechazo categóricamente esa posibilidad», afirmó.


