La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó este miércoles que el acuerdo comercial entre México y Estados Unidos tendrá que pasar por sus manos y por las del presidente Donald Trump antes de cerrarse: los equipos negociadores de ambos gobiernos proponen, pero la última palabra la tendrán los dos mandatarios. La declaración llegó durante su conferencia de prensa matutina en Palacio Nacional, cuando falta menos de una semana para las elecciones legislativas del 3 de noviembre en Estados Unidos, la fecha que ambos países se han marcado como meta para intentar sellar el entendimiento.
Sheinbaum explicó que las conversaciones las conducen los secretarios de cada gobierno, que son quienes construyen las propuestas y se las presentan a los presidentes. En el caso mexicano, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, le entrega las alternativas negociadas junto con su equipo; del lado estadounidense, los funcionarios hacen lo propio con Trump. «Soy la que determino si está bien o no al final», resumió la mandataria, al señalar que ella decide con la información de sus secretarios si las condiciones son aceptables para México, del mismo modo que Trump decide sobre lo que le presentan los suyos.
Qué se negocia en el acuerdo comercial entre México y Estados Unidos
Según reveló la propia presidenta, Ebrard sostuvo conversaciones recientes con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, y con el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, para examinar si es factible llegar a un acuerdo antes de los comicios de medio mandato. Sheinbaum reconoció avances en materia de barreras no arancelarias, un frente en el que, dijo, prácticamente se han resuelto los temas que generaban fricción, y lo resumió con una fórmula que repite desde el inicio de la negociación: resolver «sin ceder soberanía», en aquello en lo que ambos países se pueden poner de acuerdo y que fortalece a las dos economías.
El nudo sigue estando en los gravámenes estadounidenses a tres sectores clave de la industria mexicana: los automóviles, el acero y el aluminio, castigados por los aranceles de la llamada Sección 232. «Nosotros queremos una disminución importante» en esos impuestos, puntualizó Sheinbaum, que admitió que todavía no se alcanza el consenso que busca su gobierno. La industria automotriz y la siderurgia figuran entre los principales motores de exportación de México hacia su vecino del norte, por lo que el desenlace de esta mesa impacta de forma directa en el empleo manufacturero de ambos lados de la frontera.
El 3 de noviembre marca el pulso de la negociación
La cercanía de las elecciones legislativas estadounidenses añade presión al calendario. Trump se encuentra en la recta final de la campaña y ha alternado mensajes de optimismo sobre un acuerdo inminente con otros de distancia, algo que Sheinbaum atribuyó al momento político que vive su homólogo. «El presidente Trump ha dicho que ya estamos a punto y después dice que no, pero también él está en campaña todavía en esta semana. Vamos a esperar; hay que tener mucha paciencia y serenidad en esto», concluyó.
Con el control del Congreso en juego, el resultado electoral también condiciona el clima comercial de los próximos meses, en un país donde los demócratas mantienen su ventaja en el voto anticipado a seis días de la cita con las urnas. Sheinbaum quiso, eso sí, despegar la negociación del calendario electoral: aseguró que los contactos entre ambos gobiernos no se interrumpirán después de la jornada del 3 de noviembre, independientemente de sus resultados.
La relación bilateral atraviesa además otros frentes sensibles, como la política migratoria, que ha llevado a que miles de migrantes se arraiguen en México ante el endurecimiento de Washington. Por ahora, la mesa comercial sigue abierta y con una regla clara, fijada este miércoles desde Palacio Nacional: lo que acuerden los secretarios solo será acuerdo cuando lo avalen Sheinbaum y Trump.