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La restauración de ecosistemas marca un récord mundial: 252 millones de hectáreas en recuperación en 149 países

La restauración de ecosistemas alcanzó una escala nunca antes documentada: 252 millones de hectáreas de tierras.

La restauración de ecosistemas alcanzó una escala nunca antes documentada: 252 millones de hectáreas de tierras y aguas degradadas están hoy en proceso de recuperación en 149 países, según la primera evaluación mundial integral sobre la materia, presentada este jueves por Naciones Unidas durante la conferencia de biodiversidad COP17 que se celebra en Ereván, la capital de Armenia. El informe, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, mide por primera vez con una metodología común cuánto terreno ha empezado a recuperarse en el planeta y cuánto falta para cumplir los compromisos internacionales.

La restauración de ecosistemas ya cubre una superficie como la de Kazajistán

Para dimensionar la cifra basta una comparación: las 252 millones de hectáreas en restauración equivalen, aproximadamente, a todo el territorio de Kazajistán, el noveno país más grande del mundo. Naciones Unidas subraya que se trata del mayor esfuerzo de recuperación de la naturaleza documentado hasta la fecha y que los trabajos ya han generado más de un millón de empleos verdes, entre viveros, reforestación, recuperación de humedales y manejo de tierras agrícolas degradadas. El grueso de la superficie se concentra en Asia, con 192,2 millones de hectáreas, y un solo país, China, encabeza la lista con 127,4 millones de hectáreas en proceso de restauración, más de la mitad del total mundial.

Detrás de esas cifras hay programas muy distintos entre sí: desde grandes campañas estatales de reforestación hasta proyectos comunitarios de recuperación de manglares, turberas y pastizales. El informe destaca que la restauración terrestre es la que más ha avanzado, hasta situarse cerca de la mitad del objetivo fijado para 2030, mientras que los ecosistemas de agua dulce y los marinos siguen muy rezagados, pese a que son, paradójicamente, los que se degradan a mayor velocidad por la contaminación, la sobrepesca y el calentamiento de los océanos.

La meta de 2030 sigue lejos: falta por restaurar tres cuartas partes

El optimismo del récord convive con una advertencia central del informe: el mundo va muy por detrás de lo prometido. En el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, firmado a finales de 2022, los países se comprometieron a restaurar alrededor de 1.000 millones de hectáreas de territorio degradado para 2030 y a garantizar que al menos el 30 % de los ecosistemas degradados estuviera bajo recuperación efectiva para esa fecha. Con los datos presentados en Ereván, lo puesto en marcha representa apenas una cuarta parte de esa superficie comprometida, cuando restan poco más de cuatro años para que venza el plazo.

Los técnicos de la ONU insisten en que el problema no es solo de hectáreas sumadas, sino de ritmo y de calidad: no basta con plantar, hay que mantener lo restaurado vivo durante décadas y extender los trabajos a ríos, lagos, costas y fondos marinos, donde los avances han sido limitados. Funcionarios del PNUMA destacaron esta semana, en una presentación paralela en Nairobi, la magnitud de los trabajos en curso en las distintas regiones, pero también la brecha que separa lo hecho de lo necesario para frenar la pérdida de biodiversidad.

La financiación debe pasar de 64.000 a 296.000 millones de dólares al año

El otro cuello de botella es el dinero. La evaluación calcula que la financiación anual destinada a la restauración de ecosistemas debe aumentar desde los actuales 64.000 millones de dólares hasta 296.000 millones de dólares en 2030, es decir, multiplicarse por más de cuatro. De esa cantidad futura, unos 87.000 millones deberían ir a la agrosilvicultura, 52.000 millones a la reforestación restaurativa y 44.000 millones a la recuperación de turberas, ecosistemas clave porque almacenan enormes cantidades de carbono.

El informe presentado en la COP17 servirá de base para la nueva ronda de negociaciones sobre biodiversidad que se desarrolla en Armenia, donde los países deberán responder cómo piensan cerrar la brecha: con más fondos públicos, con incentivos al sector privado o con mecanismos que paguen a las comunidades que cuidan los territorios. Por ahora, el dato que queda es doble: nunca se había restaurado tanto, y nunca había quedado tan claro cuánto falta. Las 252 millones de hectáreas en recuperación demuestran que revertir la degradación es posible a gran escala; la pregunta que deja Ereván es si el mundo está dispuesto a pagar el ritmo que exigen sus propias metas de 2030.

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