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Israel investiga una posible injerencia extranjera en sus elecciones: la Comisión Electoral lleva las sospechas al Shin Bet

La posible injerencia extranjera en las elecciones de Israel se convirtió este jueves en el centro de la crisis poselectoral del país.

La posible injerencia extranjera en las elecciones de Israel se convirtió este jueves en el centro de la crisis poselectoral del país: el presidente de la Comisión Electoral Central (CEC), el juez Noam Sohlberg, pidió por carta al jefe del Shin Bet, el servicio de inteligencia interior, David Zini, que investigue las denuncias recibidas sobre una presunta intervención externa en los comicios parlamentarios celebrados el martes 27 de octubre. Las sospechas no han sido probadas y, hasta ahora, ninguna autoridad ha presentado evidencia pública que las respalde.

La petición se conoce cuando el escrutinio está prácticamente cerrado y ningún bloque alcanza los 61 escaños necesarios para gobernar la Knéset, de 120 asientos: el bloque del primer ministro Benjamín Netanyahu suma 53, el opositor que encabeza el exgeneral Gadi Eisenkot reúne 48 y los partidos árabes obtienen 19, un equilibrio que ya dejó a Netanyahu sin mayoría en Israel y que convierte cualquier duda sobre la limpieza del voto en un factor decisivo para formar gobierno.

Injerencia extranjera en las elecciones de Israel: qué pide la carta de Sohlberg

En la misiva, a la que tuvo acceso la agencia EFE, Sohlberg reconoce los límites de la denuncia: «Si bien no puedo dar fe del fundamento de estas sospechas, considero que —dado que involucran a entidades extranjeras— existe la obligación de investigarlas a fondo». El juez electoral añade que es obligatorio velar por que las elecciones sean «libres y puras de toda mancha de coacción, influencia indebida y corrupción», porque «una elección comprada distorsiona los mismos fundamentos de la existencia democrática», y pidió al Shin Bet presentar sus hallazgos preliminares, si los hubiera, durante la próxima semana.

Según el diario israelí Haaretz, entre las denuncias figura la afirmación de que Catar habría proporcionado fondos destinados a aumentar la participación electoral en las comunidades árabes de Israel. Se trata, por ahora, de una sospecha recogida por la prensa y no de un hecho acreditado: el propio Sohlberg declinó confirmar su fundamento y la jornada electoral del martes había transcurrido, según declaró entonces el propio Zini, de forma «adecuada y ejemplar», con alta participación.

El Likud habla de «Raamgate» y la oposición también pide investigar

El Likud, el partido de Netanyahu, se apresuró a bautizar las sospechas como «Raamgate», en referencia al partido árabe Raam, y aseguró que la implicación de entidades extranjeras que hubieran intervenido y sobornado a votantes para favorecer a los partidos árabes constituiría «un hecho de una gravedad sin precedentes». La formación afirma haber presentado cientos de testimonios y pruebas ante los servicios de seguridad y la propia Comisión Electoral, extremo que ninguna autoridad independiente ha corroborado públicamente.

La exigencia de investigar no viene solo del oficialismo. Yashar!, el partido del opositor Gadi Eisenkot, urgió también este jueves a esclarecer las sospechas: «El Estado de Israel debe salvaguardar rigurosamente la integridad de los comicios frente a cualquier intento de injerencia, maniobra política o parcialidad, y debe investigar a fondo toda denuncia», señaló Eisenkot en un comunicado, en el que pidió además que la investigación no afecte la fecha prevista para la toma de posesión de la nueva Knéset.

Catar y Raam lo niegan y la Policía no ve pruebas

Las respuestas desmienten la versión del Likud. Catar rechazó «rotundamente» las denuncias y las calificó de «peligrosas»: su portavoz de Exteriores, Majed al Ansari, sostuvo que su país no está implicado en la contienda israelí, que no debe usarse a Catar «como chivo expiatorio de los fracasos políticos de ciertos políticos israelíes» y que Doha no se quedará callada mientras se usa su nombre para agendas electorales. El presidente de Raam, Mansur Abás, negó que su partido esté relacionado con las presuntas irregularidades y anunció que colaborará con las autoridades para esclarecer los hechos.

La Policía de Israel, por su parte, rechazó las acusaciones del Likud de que los partidos árabes intentaban «robar las elecciones» y afirmó que no hay pruebas que las respalden, en línea con una jornada electoral que describió como normal y con incidentes mínimos. Desde la centroizquierda, el líder de Los Demócratas, Yair Golán, acusó a Netanyahu de intentar «socavar los resultados electorales» con una campaña para deslegitimar a la población árabe tras lo que llamó una «derrota democrática aplastante» del primer ministro, aunque coincidió en que cualquier sospecha fundada debe investigarse a fondo.

Una investigación que puede mover la formación de gobierno

El resultado final del escrutinio se espera para los próximos días y, con él, la decisión de con quién se intenta formar gobierno. Si la oposición judía suma sus 48 escaños a los 19 de los partidos árabes, alcanzaría 67 y podría desbancar a Netanyahu; por eso la batalla por la legitimidad del voto árabe se ha vuelto el verdadero campo de disputa poselectoral. La investigación del Shin Bet, si encuentra algo, puede alterar ese tablero; si no encuentra nada, dejará al descubierto una acusación lanzada sin pruebas en el momento más delicado de la política israelí reciente. Por ahora, lo único confirmado es la petición formal de investigar: la injerencia sigue siendo una sospecha, no un hecho.

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