La confianza del consumidor en EE. UU. repuntó en octubre por primera vez en cuatro meses. El índice del Conference Board subió 7,5 puntos y se situó en 91,7, su nivel más alto desde junio, muy por encima de lo que esperaban los economistas, que pronosticaban una lectura cercana a 81 puntos.
El dato, publicado este martes, supone un alivio tras el desplome de septiembre, cuando el índice quedó en 84,2 puntos tras la revisión oficial, desde los 81,9 anunciados inicialmente. La mejora se apoyó sobre todo en la moderación de los precios minoristas de la gasolina entre septiembre y octubre y en una percepción más favorable de las condiciones empresariales, tanto las actuales como las previstas para los próximos meses.
La confianza del consumidor en EE. UU. mejora en el presente y en las expectativas
Los dos componentes del índice avanzaron con fuerza. El indicador de la situación actual subió hasta 120,4 puntos, desde los 111,8 de septiembre, su nivel más alto desde abril. El de expectativas para los próximos seis meses ganó casi siete puntos y llegó a 72,6, desde los 65,7 del mes anterior. También creció el porcentaje de estadounidenses que considera que hay empleo abundante, que alcanzó su nivel más alto en seis meses, y son más los encuestados que califican de buenas las condiciones para hacer negocios.
«La confianza del consumidor avanzó en octubre, impulsada principalmente por la mejora de las percepciones sobre las condiciones empresariales actuales y previstas», señaló Fergus McCormick, economista jefe de indicadores globales del Conference Board, quien vinculó la recuperación con la moderación de los precios de la gasolina en el surtidor.
El costo de la vida sigue pesando en los hogares
El propio McCormick advirtió, sin embargo, que, pese al aumento de octubre, la confianza se mantiene dentro de la tendencia bajista de largo plazo que persiste desde hace años. En las respuestas escritas de la encuesta, los consumidores siguieron mencionando el alto costo de la vida como su principal preocupación, con quejas centradas en los precios de los alimentos y de los productos básicos.
Esa cautela también aparece en los planes de gasto: los hogares prevén gastar menos en servicios y bienes duraderos durante los próximos seis meses, un comportamiento que el Conference Board atribuye a los niveles de precios todavía elevados y a una inflación persistente que sigue erosionando el poder adquisitivo.