Estados Unidos

Los demócratas de Arizona salen a tocar puertas para reconquistar el voto latino

En las calles de Phoenix y Mesa ya se toca de puerta en puerta.

En las calles de Phoenix y Mesa ya se toca de puerta en puerta. A tres semanas de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, el Partido Demócrata desplegó una ofensiva sobre el terreno para reconquistar el voto latino en Arizona, el mismo electorado que en 2024 le dio a Donald Trump un respaldo histórico y que hoy, golpeado por el costo de la vida y por los operativos migratorios, empieza a darle la espalda al presidente, según un reportaje de France 24 publicado este lunes.

La fractura se ve dentro de las propias familias. Jaelyn Sarabia, estudiante de Ciencias Políticas de 21 años que vive en el oeste de Phoenix, dejó de hablar con su tía por haber votado a Trump en 2024. «No me rodeo de gente que apoye a Trump. Es un límite muy estricto que me he impuesto», cuenta la joven, de origen mexicano. Su tía, que es panadera, hoy se arrepiente de su elección: esperaba que el republicano mejorara la economía, pero los aranceles encarecieron los gastos de su negocio, y a su esposo, plomero, lo golpea el precio de la gasolina en sus constantes desplazamientos de trabajo.

Su madre, América Prieto, de 40 años, prefiere no llevar la política a la mesa. Nacida en México, llegó de niña a Estados Unidos junto a sus padres y su hermana, obtuvo la nacionalidad hace apenas tres años y vota por los demócratas. «Cuando los temas de inmigración afectan a nuestra propia familia, al final nos afectan a todos. Pero cada uno es libre de votar a quien quiera», dice. Su hija no logra mantener la misma distancia: «Como inmigrante de primera generación, esto me entristece mucho. Me parte el corazón ver a todas esas familias separadas y ver que hay gente que apoya los métodos utilizados», se lamenta Jaelyn, en referencia a los operativos de la agencia de inmigración, el ICE.

El voto latino en Arizona y el desplome de Trump en las encuestas

Los números explican la urgencia demócrata. En las elecciones presidenciales de 2024, Trump obtuvo el 46 % del voto latino en todo el país, frente al 32 % que había conseguido en 2020: nunca un candidato republicano a la presidencia había llegado tan alto entre un electorado tradicionalmente favorable a los demócratas. Dos años después, la tendencia parece haberse invertido: la aprobación del presidente entre los votantes latinos se sitúa en solo 27 %, según una reciente encuesta de NBC News y Telemundo. Dos tercios de los electores hispanos consideran que las políticas de deportación han ido demasiado lejos, y tres cuartas partes desaprueban su manejo de la economía y del costo de la vida.

El condado de Maricopa, que abarca Phoenix y sus alrededores y donde un tercio de los habitantes son hispanos, concentra buena parte de la pelea. Allí, hablar de política en la calle no siempre es fácil: varios comerciantes prefieren guardar silencio por temor a las repercusiones en su entorno familiar o en su comunidad, y un restaurantero que vota por Trump solo aceptó hablar sin dar su nombre públicamente. Otros propietarios del barrio han sido desalojados y sus negocios han cerrado, y temen correr la misma suerte. El desgaste también se refleja en el plano nacional, donde la aprobación general de Trump cayó a 33 %, su nivel más bajo, a pocas semanas de la cita electoral.

Puerta a puerta en Mesa: «todo cuesta más»

La respuesta demócrata es presencia física. En Mesa, una ciudad de las afueras al este de Phoenix, una veintena de voluntarios se reúne en la sede de campaña del distrito legislativo 9, en un local donde un cartel anuncia: «Sin odio, los inmigrantes son bienvenidos aquí». Jóvenes y activistas experimentados, latinos y no latinos, intercambian instrucciones, reciben a los recién llegados y se reparten las rutas antes de dispersarse por las calles con los folletos en la mano.

«Cuando nos encontramos con latinoamericanos que han votado a Trump, les decimos, en cierto modo, que lo sentimos», explica Jacob Martínez, candidato demócrata a la Cámara de Representantes de Arizona. «Aunque hace dos años pensaban que Trump iba a ser el salvador y a enderezar la situación, ahora todo va peor, todo cuesta más, y están dispuestos a exigir explicaciones». Alberto Flores, candidato demócrata en otro distrito de la ciudad, considera que su partido también debe reconocer sus propios errores: «Tengo la impresión de que, muy a menudo, el bloque electoral latino queda relegado a un segundo plano. Solo se ponen en contacto con nosotros cuando se acercan las elecciones», lamenta. Hijo de inmigrantes mexicanos, Flores hace campaña en español y recurre a su propia historia familiar para abrir la conversación con los vecinos.

Francesco Contreras, organizador de la campaña en Mesa, coincide en que el contacto directo es la única vía. «La política se ha vuelto tan impersonal. Todo se reduce a lo que se ve en la televisión. Por eso es fundamental estar presente sobre el terreno y hablar con la gente», opina, aunque reconoce que a los demócratas les queda trabajo por delante para recuperar la confianza de parte de este electorado.

«El Partido Demócrata no entiende la psicología de los votantes latinos»

El escepticismo se escucha en los propios patios que visitan los voluntarios. Agustín Gastelum, nacido en el estado mexicano de Sonora y vecino del barrio desde que tenía cinco años, vivió durante mucho tiempo sin estatus legal: a los 19 años perdió su permiso de residencia por un error en su expediente cuando intentaba regularizar su situación, y no supo que podía apelar la decisión. Votó por primera vez en 2016 y, aunque en las presidenciales siempre ha apoyado a los demócratas, no les ahorra la crítica: «No creo que el Partido Demócrata entienda la psicología de los votantes latinos», lamenta. Le preocupa, además, la eficacia de los republicanos sobre el terreno y los mensajes engañosos que, a su juicio, difunden entre los electores menos informados: «Los republicanos pueden ser extremadamente manipuladores con las personas que no están muy bien informadas. Y creo que los demócratas no prestan suficiente atención a esto».

Esa es la incógnita que se resolverá el 3 de noviembre: darle la espalda a Trump no significa automáticamente volver a apoyar a los demócratas. Decepcionados por ambos partidos, algunos votantes latinos podrían optar incluso por no votar, un escenario que, en distritos tan disputados como los de Arizona, puede terminar decidiendo el control de la Cámara de Representantes.

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