La votación anticipada en Texas arrancó este lunes 19 de octubre y con ella la cuenta atrás.
La votación anticipada en Texas arrancó este lunes 19 de octubre y con ella la cuenta atrás para las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre. Todos los condados del estado abrieron sus centros de votación, en el inicio de un proceso que los demócratas miran con una esperanza que no se veía en décadas: la de romper, al fin, el dominio republicano sobre el segundo estado más poblado de Estados Unidos.
Texas fue el primer estado del país en ofrecer el voto anticipado, en la década de 1980, y esta vez el calendario corre hasta el viernes 30 de octubre. Lo que está en juego no es menor: un escaño en el Senado federal, la gobernación y buena parte del poder estatal, en un estado donde los latinos ya son el 40 % de la población, por encima incluso de la población blanca (39,8 %), según los datos del censo de 2024.
Votación anticipada en Texas: las dos carreras que lo definen todo
En la carrera por el Senado, el demócrata James Talarico, exmaestro de escuela pública y legislador estatal, enfrenta al republicano Ken Paxton, actual fiscal general de Texas. Los demócratas no ganan un escaño en la Cámara Alta por Texas desde 1988, hace 38 años, y varias encuestas recientes muestran a Talarico competitivo, incluso por delante en algunos sondeos, algo impensable hace pocos ciclos.
En la gobernación, la demócrata Gina Hinojosa busca derrotar al republicano Greg Abbott, que aspira a un cuarto mandato en un cargo que su partido ocupa de forma ininterrumpida desde 1995. Abbott mantiene ventaja, pero las mediciones la muestran más estrecha que en elecciones anteriores, y la campaña demócrata apuesta a movilizar a los votantes jóvenes y a la comunidad latina.
Lo que se sabe hasta ahora
- La votación anticipada en Texas va del lunes 19 al viernes 30 de octubre; la elección es el martes 3 de noviembre.
- Senado: James Talarico (demócrata) contra Ken Paxton (republicano); los demócratas no ganan ese escaño desde 1988.
- Gobernación: Gina Hinojosa (demócrata) contra Greg Abbott (republicano), que busca su cuarto mandato; el cargo es republicano desde 1995.
- Los latinos son el 40 % de la población texana y su voto puede decidir ambas carreras.
El voto latino, la llave del estado
El cambio de ánimo del electorado latino es el dato que más ilusiona a los demócratas. Una encuesta del Pew Research Center publicada el viernes situó la aprobación de los latinos al trabajo del presidente Donald Trump en apenas 24 % en octubre, frente al 38 % que registraba en febrero de 2025, un mes después del inicio de su segundo mandato. Incluso entre los latinos que lo apoyaron en 2024, el respaldo cayó del 93 % al 57 %, y el 70 % de los encuestados consideró que sus políticas «han sido dañinas para los hispanos», en plena campaña masiva de detenciones y deportaciones.
A escala nacional, el sondeo de ABC, el Washington Post e Ipsos publicado el 17 de octubre dio a los demócratas una ventaja de ocho puntos en la intención de voto para la Cámara de Representantes. Ese viento de cola, sumado al peso demográfico latino, es el que convierte a Texas en algo más que un bastión inexpugnable: en un termómetro del país.
Por qué importa
Para los cientos de miles de latinos —entre ellos miles de venezolanos— que viven en Houston, Dallas, Austin, San Antonio y El Paso, esta elección decide quién los representará en Washington y quién gobernará el estado donde trabajan, estudian y crían a sus familias, con la política migratoria federal en el centro del debate. El interés no es solo texano: en esta misma jornada, los demócratas de Arizona salieron a tocar puertas para reconquistar el voto latino, y hace solo dos días la aprobación de Trump cayó a 33 %, su nivel más bajo, a dos semanas de las elecciones de medio mandato.
Los republicanos, por su parte, confían en su maquinaria en los condados rurales y en la trayectoria de un estado que lleva casi cuatro décadas votando rojo en las grandes citas. Las próximas dos semanas de votación anticipada dirán si el bastión se mueve o si la «última gran oportunidad» demócrata tendrá que esperar otro ciclo.