El turismo internacional en Cuba sigue a la baja.
El turismo internacional en Cuba sigue a la baja. La isla recibió 477.707 visitantes internacionales entre enero y septiembre de 2026, un 34,9 % menos que en el mismo período del año anterior, según los datos publicados este miércoles por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
Turismo internacional en Cuba: las cifras de la ONEI hasta septiembre
El balance de los primeros nueve meses del año confirma que la recuperación del sector, la gran apuesta económica del Gobierno cubano tras la pandemia, no termina de llegar. La cifra de 477.707 llegadas internacionales queda muy lejos de los registros previos a 2020, cuando Cuba recibía más de cuatro millones de visitantes al año y el turismo era presentado como la locomotora de la economía de la isla.
La caída interanual del 34,9 % se produce, además, sobre un 2025 que ya fue un año débil para el sector. Es decir, el destino no se está comparando con un año excepcional, sino con otro ejercicio de retroceso, y aun así pierde más de un tercio de sus visitantes internacionales en el acumulado hasta septiembre.
Los datos de la ONEI son la fotografía oficial de un sector que sostiene buena parte de la entrada de divisas del país, junto a las remesas y la exportación de servicios profesionales. Cada visitante que deja de llegar se traduce en menos ingresos para los hoteles estatales, las aerolíneas, los restaurantes y los miles de negocios privados —alojamientos, taxis y paladares— que viven de la llegada de viajeros.
Un sector golpeado por la crisis energética y la caída de sus mercados
El desplome de las llegadas ocurre en medio de la peor crisis económica cubana en décadas, marcada por apagones prolongados en todo el país, escasez de combustible, inflación y deterioro de los servicios. Esa crisis también golpea la operación turística: los grandes polos de sol y playa, como Varadero y los cayos del norte, y los destinos urbanos como La Habana dependen de un suministro eléctrico y de transporte que el país no logra garantizar de forma estable.
Canadá ha sido históricamente el principal mercado emisor de turistas hacia Cuba, seguido de la comunidad cubana residente en el exterior y de mercados europeos como Alemania, España, Francia e Italia. El retroceso general de las llegadas afecta a ese conjunto de mercados y deja a la isla en clara desventaja frente a destinos competidores del Caribe, como República Dominicana y México, que sí han superado sus cifras previas a la pandemia.
La pérdida de atractivo se refleja también en el contexto económico general de la isla, donde el dólar alcanzó los 850 pesos en el mercado informal, un récord que evidencia la profundidad de la crisis cambiaria que enfrentan los cubanos y que encarece cualquier actividad económica dentro del país.
Lo que viene: la temporada alta, la última carta del año
Al sector le queda una carta por jugar en 2026: la temporada alta, que arranca en noviembre y se extiende hasta abril, cuando el invierno en Norteamérica y Europa empuja la demanda hacia el Caribe. Hoteleros y turoperadores miran esos meses como la oportunidad de salvar parcialmente el año, aunque el acumulado hasta septiembre hace ya muy difícil que el país se acerque a los niveles de visitantes de antes de la pandemia.
Mientras tanto, la isla sigue siendo escenario de fricción diplomática: esta misma semana la ONU rechazó por trigésima cuarta vez el embargo de Estados Unidos, en una votación en la que el apoyo a Cuba cayó a 130 votos, el más bajo en dos décadas. Ese aislamiento creciente y la crisis interna componen el telón de fondo de un dato que ya es oficial: el turismo internacional en Cuba, lejos de recuperarse, sigue hundiéndose.