La renuncia de Harmeet Dhillon como jefa de la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia de Estados Unidos se conoció este jueves, cuando el fiscal general Todd Blanche anunció su salida en una publicación en redes sociales. Dhillon se convierte así en la primera funcionaria de alto rango que abandona la administración del presidente Donald Trump desde las elecciones de mitad de período del martes, en las que los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes y del Senado.
La renuncia de Harmeet Dhillon, anunciada por Todd Blanche
Blanche afirmó que Dhillon ha «liderado la División de Derechos Civiles con convicción» y que «ha defendido las libertades civiles de todos los estadounidenses y ha aplicado la ley sin temor ni favoritismos». «El Departamento agradece su dedicado servicio público y le desea mucho éxito en sus futuros proyectos», escribió el fiscal general en X. Dhillon, exasesora legal de la campaña de Trump, no respondió por el momento a las solicitudes de comentarios de la prensa.
Dhillon llegó al cargo en abril de 2025, nominada por Trump y confirmada por el Senado, y durante su año y medio de gestión transformó radicalmente la división: desplazó su trabajo tradicional de garantizar el acceso a las urnas y promover la reforma policial para combatir lo que ella denominaba «ideología woke», creó una sección dedicada a la Segunda Enmienda y a la tenencia de armas y mantuvo una presencia destacada, aunque poco convencional, en las redes sociales, donde anunciaba iniciativas y compartía su afición por el tejido.
Una división debilitada: más del 75 % del personal se fue
La salida deja tras de sí una división debilitada por la falta de personal: más del 75 % de los integrantes de la División de Derechos Civiles fueron despedidos o renunciaron durante su gestión. Aunque Dhillon reclutó a varios abogados conservadores para ocupar esas vacantes, las contrataciones estuvieron lejos de compensar la pérdida de décadas de experiencia en leyes de derechos civiles, y algunos conservadores se quejaban de que los abogados inexpertos de su sección no eran capaces de gestionar los casos remitidos a la división.
Sus mayores reveses llegaron en los tribunales. Jueces de todo el país desestimaron las demandas con las que Dhillon pretendía ayudar a los estados a «depurar» sus padrones electorales eliminando a personas que no eran ciudadanas, y criticaron duramente lo que consideraban un intento de usar la ley para privar a ciudadanos de su derecho al voto o acceder a sus datos personales. También envió cartas y presentó demandas contra universidades a las que acusaba de antisemitismo generalizado y de discriminación, principalmente contra estudiantes blancos, con resultados desiguales y pocas victorias judiciales.
Quedó relegada antes de las elecciones de mitad de período
En las últimas semanas, Dhillon parecía cada vez más relegada mientras el departamento emprendía casos legales de alto perfil relacionados con las elecciones y de gran interés para el presidente. Según funcionarios familiarizados con el asunto, fue el secretario adjunto de Justicia interino, Trent McCotter, y no Dhillon, quien suscribió las demandas de mayor repercusión a medida que se acercaban los comicios, y el fiscal general asociado Stanley Woodward, con quien mantenía una relación tensa, asumió el papel principal en las comparecencias judiciales. «¿Dónde está Harmeet?», se preguntaba un funcionario republicano que trabajaba en algunos de esos casos.
La salida de Dhillon se daba prácticamente por segura tras las elecciones, con su control sobre la división disminuyendo durante meses, en parte por sus repetidas derrotas judiciales. Su renuncia abre la primera vacante de peso en el Departamento de Justicia tras el nuevo equilibrio de poder en Washington, en unos días marcados también por decisiones judiciales de impacto nacional, como la del juez mexicano detenido en Colombia al que EE. UU. acusa de cobrar 2 millones de dólares. Toda la cobertura del país está en Estados Unidos de La Noticia De Hoy.