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Cuatro países se desmarcan de la Declaración de Madrid y rompen el consenso de la Cumbre Iberoamericana

La Declaración de Madrid no logró el respaldo unánime que buscaba la XXX Cumbre Iberoamericana.

La Declaración de Madrid no logró el respaldo unánime que buscaba la XXX Cumbre Iberoamericana. Al cierre de la cita en España, Argentina, Colombia, Costa Rica y Paraguay se desmarcaron del consenso en el párrafo que rechaza la coerción y la aplicación a los países de medidas contrarias al derecho internacional y a la Carta de la ONU, según el informe de cierre divulgado este jueves 5 de noviembre por France 24.

La fractura quedó expuesta en la jornada de clausura de la cumbre, después de dos días de intervenciones marcadas por las diferencias ideológicas entre los gobiernos de la región. El texto final salió adelante, pero sin la firma política completa que los organizadores esperaban para la foto de familia iberoamericana.

Declaración de Madrid: el párrafo que dividió a la cumbre

El punto de fricción fue muy concreto. El párrafo en disputa expresa el rechazo a la coerción y a que se apliquen a los países medidas contrarias al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas. Argentina, Colombia, Costa Rica y Paraguay decidieron no acompañar ese consenso, una postura que France 24 atribuyó a la división de los líderes por sus orillas ideológicas.

El desacuerdo no es menor: las declaraciones de las cumbres iberoamericanas se construyen por consenso, y que cuatro países se aparten del texto en un asunto tan sensible deja en evidencia que la región no habla con una sola voz frente a las sanciones y las presiones internacionales sobre gobiernos cuestionados.

Un cierre que resume una cumbre atravesada por Venezuela

La ruptura del consenso llegó al final de una cumbre en la que Venezuela ocupó un lugar central. En la misma jornada, Venezuela pidió en la Cumbre Iberoamericana de Madrid que se levanten las sanciones, mientras la oposición venezolana, encabezada por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, exigió a los líderes defender la democracia y los derechos humanos en Venezuela.

Ese pulso ayuda a entender el choque por el párrafo final: para unos gobiernos, rechazar las medidas coercitivas es una defensa del derecho internacional; para otros, ese lenguaje termina protegiendo a regímenes señalados por violaciones de derechos humanos. La redacción de la Declaración de Madrid quedó en medio de las dos lecturas.

Las diferencias ideológicas marcaron cada jornada

El tono de la cumbre ya se había calentado en las intervenciones previas. El presidente argentino, Javier Milei, protagonizó uno de los discursos más comentados al equiparar el socialismo con el fascismo frente al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anfitrión de la cita.

Con ese clima, el cierre sin consenso completo confirma que la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid será recordada menos por sus acuerdos que por sus diferencias. Argentina, Colombia, Costa Rica y Paraguay dejaron constancia de su desmarque, y la Declaración de Madrid nace con una fractura visible que anticipa debates intensos en la diplomacia iberoamericana de los próximos meses.

Por qué importa un desmarque en una declaración de consenso

Las cumbres iberoamericanas reúnen a los jefes de Estado y de Gobierno de los países de Iberoamérica y sus documentos finales se negocian palabra por palabra durante semanas. Cuando un párrafo no reúne consenso, los países disconformes pueden apartarse de ese punto sin bloquear todo el documento, una fórmula diplomática que permite cerrar la cumbre pero deja registrado, por escrito, quiénes no comparten esa posición.

En este caso, el desmarque de Argentina, Colombia, Costa Rica y Paraguay no fue sobre un asunto menor: el lenguaje sobre la coerción y las medidas unilaterales es el mismo que durante años ha servido de paraguas diplomático en los debates sobre las sanciones contra Venezuela y Cuba. Que cuatro gobiernos se aparten de esa redacción precisamente en la cumbre donde Caracas pidió el levantamiento de las sanciones marca un cambio de correlación dentro del foro y debilita el argumento de que la región rechaza en bloque ese tipo de medidas.

La foto final de Madrid, con la Declaración aprobada pero fracturada, deja así dos lecturas: la cumbre cumplió su agenda y renovó el espacio de diálogo iberoamericano, pero el documento que debía mostrar unidad terminó exhibiendo, en su propio texto, la división política de la región.

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