La Navidad por decreto comenzó oficialmente en Venezuela el primero de noviembre, por adelanto ordenado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
La Navidad por decreto comenzó oficialmente en Venezuela el primero de noviembre, por adelanto ordenado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, pero en las calles de Caracas todavía cuesta encontrar motivos para celebrar. Aunque las gaitas ya suenan en algunos comercios que exhiben adornos, juguetes y mercancía de la temporada, el ambiente festivo aún no se siente entre los caraqueños.
En un recorrido por distintas zonas de la capital, el adelanto de la Navidad convive con una cotidianidad marcada por la prudencia económica, los recuerdos familiares y la urgencia de resolver la comida diaria. Este año, además, la convocatoria a celebrar llega después de meses especialmente difíciles para los venezolanos, golpeados por las dificultades económicas y la herida de la tragedia de los terremotos del 24 de junio. El contraste se respira en todo el país: mientras el Gobierno enciende la temporada, en Los Llanos hubo protestas por apagones la misma noche del encendido navideño.
Navidad por decreto: normalidad en Catia y La Hoyada
En Catia, una de las zonas comerciales populares de la capital, la gente transita con total normalidad, ajena a cualquier fervor navideño adelantado. Los comerciantes se muestran temerosos de responder preguntas o emitir opiniones a la prensa, y las bolsas que lleva la gente revelan cuál es su prioridad: la comida. Entre quienes caminan por la calle apenas se ve una que otra bufanda navideña.
Bianca Castellano, de 46 años, miraba pijamas infantiles de renos y Santa Claus, pero afirma que para ella aún no ha llegado la Navidad. «Por tantas situaciones que han pasado estamos tristes. Todavía no se siente el ánimo como en otros años», confiesa, mientras se le escapan algunas lágrimas por el recuerdo de su papá y otros familiares que ya no están.
El escenario se repite en La Hoyada, donde los comercios reproducen gaitas a todo volumen en un intento por inyectar un espíritu navideño entorpecido por la cotidianidad. «Para gastar no hay. La economía está floja», dice Marlenis Ropero, de 51 años, vendedora de ropa íntima en el Gran Mercado de Productores Unidos Más que Vencedores. Sus palabras resumen el sentir de la mayoría de los comerciantes, que ven pasar las horas sin el tradicional repunte de ventas que caracterizaba al penúltimo mes del año en otras épocas: pese al repique del furruco, no había compradores ni mirando mercancía ni preguntando precios.
Sentimientos encontrados en el este de Caracas
En la plaza La Juventud de Bellas Artes, las cuadrillas municipales trabajaban en la instalación de una feria navideña y decoraciones, un esfuerzo institucional por materializar el decreto oficial en el espacio público. Nora Gutiérrez, de 46 años, define su llegada a este mes con «sentimientos encontrados», por los familiares que están lejos y los planes que no se cumplieron. «Todos sabemos que la situación del país no es la mejor, pero, como siempre he dicho, confiando en Dios», asegura; para ella, el ánimo en la calle es apenas tibio, sostenido por pequeñas alegrías cotidianas, como celebrar la salud y el cumpleaños de su hijo.
Frente a la melancolía también surgen posturas de resiliencia. Rosana Quintero, de 50 años, se declara devota incondicional de estas fechas: «Ya yo empecé a adornar mi casa, mucho antes del primero, con eso te digo todo. La situación del país está fuera, pero dentro de mí está maravillosamente bien». Asegura que en tiendas como Mango Bajito la gente sigue buscando cómo celebrar y que ya hay personas haciendo sus hallacas.
Hacia el este, en Chacao y Altamira, la dinámica no es muy distinta: el ambiente transcurre inmerso en su rutina corporativa y comercial. En la plaza Francia estaba sentado Alexander Campos, docente de 51 años, quien resume el momento con una frase: «Los ánimos los tenemos que poner nosotros mismos porque el ambiente no acompaña esa situación». Campos reconoce que el panorama social y económico está sumamente decaído, agravado por meses de inflación, devaluación de la moneda y un presupuesto familiar encarecido; aun así, su meta sigue siendo garantizar el plato navideño de su familia.
El primer diciembre sin Maduro
El adelanto de las festividades se ha convertido en una práctica recurrente en la política venezolana: durante años, Nicolás Maduro acostumbraba anunciar el inicio de la temporada apenas en octubre. Ahora, bajo el anuncio de Delcy Rodríguez, la fecha fijada fue principios de noviembre. Es, además, el primer diciembre sin Maduro en más de una década, en un escenario político inédito marcado por el reciente regreso de María Corina Machado y los pasos hacia una mayor libertad de expresión, que contrastan con una paradoja que se respira en la calle: el miedo sigue presente entre los comerciantes, que aún prefieren callar, mientras la inflación marca el ritmo de la economía familiar. Al final, el ánimo festivo no depende de decretos: empieza cuando el presupuesto permite comprar el pan de jamón, los estrenos y las hallacas compartidas en los hogares venezolanos. (El Nacional)