La sangre fosilizada de dinosaurio dejó de ser una sospecha para convertirse en una prueba química. Un equipo internacional de científicos detectó glóbulos rojos mineralizados y restos de hemo —la molécula de la hemoglobina que transporta el oxígeno— dentro de los huesos de un Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio carnívoro que vivió hace 115 millones de años en lo que hoy es el noreste de Brasil. El estudio se publicó el lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), de Estados Unidos.
Los investigadores analizaron los huesos de la pata trasera del ejemplar, extraído en 2008 de la mina de yeso Pedra Branca, en el estado de Ceará, dentro de la Formación Romualdo de la cuenca de Araripe, una región famosa por la calidad de sus fósiles. En los canales vasculares del hueso —los conductos por donde pasaban los vasos sanguíneos— hallaron numerosas estructuras microscópicas ovaladas, de unas 23 micras de largo por 20 de ancho, con la forma característica de los glóbulos rojos.
Sangre fosilizada de dinosaurio: la prueba está en la química
Hasta ahora, otros trabajos habían mostrado estructuras parecidas a células sanguíneas, pero sin una confirmación química concluyente. Esta vez, los análisis con microscopía de alta resolución, espectroscopía y espectrometría de masas detectaron hemo B y un derivado alterado de esa misma molécula dentro de las propias estructuras, además de aminoácidos del colágeno. Según los autores, un mineral llamado hausmannita actuó como una cápsula natural que protegió esas células y sus biomoléculas durante más de cien millones de años.
«Lo que estamos viendo es un eco mineral y molecular de la biología antigua», explicó Kliti Grice, geoquímica de la Universidad Curtin, en Australia, y autora principal del estudio, en el que también participó Alexander Kellner, del Museo Nacional de Brasil. El Aratasaurus era un terópodo de tamaño mediano, de unos tres metros de longitud; el ejemplar analizado era un juvenil de unos cuatro años cuando murió.
Un hallazgo debatido por la comunidad científica
Los propios autores aclaran que no se trata de sangre intacta ni de ADN de dinosaurio: son restos mineralizados y huellas químicas, no material genético recuperable. Y no todos los especialistas están convencidos. Paleontólogas como Mary Schweitzer, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, advierten que las estructuras no muestran los núcleos que sí se ven en los glóbulos rojos de las aves y los cocodrilos actuales, mientras Maria McNamara, de la University College Cork, califica el trabajo como el esfuerzo más completo hecho hasta ahora, aunque pide cautela.
Aun con el debate abierto, el estudio marca un antes y un después en la paleontología: esta sangre fosilizada de dinosaurio demuestra que, si las biomoléculas pueden conservarse en contextos como el de Araripe, los fósiles guardan mucha más información sobre la vida del pasado de lo que la ciencia creía posible. Más noticias de ciencia y del mundo en la sección de Mundo y en la portada de La Noticia de Hoy.