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El líder de la secta de Kenia, condenado a 200 años de cárcel por el asesinato de 190 niños y un adulto

La secta de Kenia que llevó a la muerte a más de 400 personas ya tiene a su líder condenado.

La secta de Kenia que llevó a la muerte a más de 400 personas ya tiene a su líder condenado. Un tribunal de ese país sentenció este viernes a Paul Nthenge Mackenzie a 200 años de prisión por el asesinato de 190 niños y un adulto en la llamada masacre de Shakahola, el caso en el que cientos de fieles ayunaron hasta morir convencidos de que así se reunirían con Jesucristo.

La jueza Diana Kavedza-Mochache, del Tribunal Superior de la ciudad costera de Mombasa, impuso dos penas de 100 años que Mackenzie deberá cumplir de manera simultánea: una por los cargos de «asesinato por inanición» y otra por los de «asesinato por homicidio directo». La magistrada descartó la pena de muerte que había solicitado la Fiscalía para el pastor, líder de la Good News International Ministries, la Iglesia Internacional de las Buenas Nuevas.

La secta de Kenia y el horror del bosque de Shakahola

Mackenzie ya había sido declarado culpable el pasado 19 de octubre, junto a 28 coacusados que este viernes recibieron penas individuales de entre diez y 160 años de cárcel. En aquel fallo, leído en una audiencia de más de ocho horas, la jueza estableció que las muertes en Shakahola no se produjeron solo por un ayuno voluntario: cuando las personas se resistían, eran víctimas de violencia homicida, mediante asfixia, estrangulación o traumatismos craneales. También acusó al pastor de malinterpretar de manera deliberada las escrituras e invocar pasajes bíblicos para respaldar su propaganda.

El caso estalló a mediados de 2023, cuando el hallazgo de decenas de fosas comunes en el bosque de Shakahola, una extensión de más de 320 hectáreas en el condado costero de Kilifi, reveló la magnitud de la tragedia. Este viernes, la jueza clasificó 183 de las muertes —182 niños y un adulto— como resultado de la inanición, y otras ocho, todas de menores, como consecuencia de homicidio directo, por estrangulación o traumatismos.

Una sentencia que busca cerrar la peor herida de Kenia

Al fundamentar la pena, Kavedza-Mochache destacó como agravante la responsabilidad parental y la vulnerabilidad de las víctimas, menores que dependían de los adultos para obtener comida, agua y protección, y sostuvo que los objetivos de la sentencia —la retribución, la reprobación y la disuasión— exigen que el castigo sea percibido por el infractor como una pérdida tangible.

La condena pone el cierre judicial principal a un episodio que conmocionó a Kenia y al mundo, y que sigue marcando el debate sobre el control de los grupos religiosos extremistas en el país africano, en un contexto internacional en el que las penas extremas vuelven al centro de la discusión, como ocurre con las ejecuciones recientes en Estados Unidos. Mackenzie, que predicaba el ayuno total como camino de salvación, pasará el resto de su vida en prisión.

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