Las economías más poderosas del planeta pusieron dinero sobre la mesa frente al hambre. Los países del G7 se comprometieron este jueves en Bangkok a movilizar 2.500 millones de dólares para ayudar a los Estados en riesgo de inseguridad alimentaria, con un objetivo muy concreto: facilitar la compra de fertilizantes en los mercados más vulnerables. El anuncio lo realizó el ministro de Economía de Francia, Roland Lescure, cuyo país ejerce este año la presidencia del grupo, tras las reuniones anuales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
Lescure explicó ante la prensa que el compromiso colectivo busca contribuir a la seguridad alimentaria mundial y puso el acento en el insumo que hoy más preocupa a los gobiernos: «concentrándonos en un tema crucial: el de los fertilizantes». Según el ministro, el Banco Mundial ha identificado 44 países que enfrentan problemas de inseguridad alimentaria, una lista que concentra a las economías con menos margen para absorber otra subida de precios.
Por qué los fertilizantes están en el centro de la inseguridad alimentaria
La lógica detrás de la cifra es directa. La guerra en Oriente Medio encareció la energía, y ese aumento se trasladó al costo de producir fertilizantes y combustibles. Si el fertilizante se vuelve inalcanzable, los agricultores de los países pobres siembran con menos insumos, las cosechas rinden menos y los alimentos terminan más caros en los mercados de todo el mundo. Atacar ese eslabón es, para el G7, una forma de prevenir la próxima crisis antes de que llegue a los platos.
El Ministerio de Economía francés precisó que los 2.500 millones de dólares forman parte de la puesta en marcha del plan de acción sobre fertilizantes que el grupo adoptó en junio pasado. La mayor parte del dinero se ha concretado en forma de préstamos, orientados a reforzar la resistencia de los sistemas alimentarios y a prevenir crisis futuras, con especial atención en África, el continente donde la inseguridad alimentaria golpea con más fuerza y donde una mala cosecha se traduce rápidamente en emergencias humanitarias.
Un encuentro marcado por la economía global y por Ucrania
La cita de Bangkok reunió, entre otros, a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva; al presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; al secretario general de la OCDE, Mathias Cormann; y al presidente del Consejo de Estabilidad Financiera, Andrew Bailey. Según la presidencia francesa del G7, la economía mundial ha mostrado capacidad de resistencia, pero afronta choques que pesan sobre todo en los países más pobres, en un contexto en el que también se debatió la crisis energética.
Ucrania ocupó igualmente un lugar central en las conversaciones. Lescure aseguró que sus homólogos siguen enfocados en respaldar a Kyiv frente a la invasión rusa, en línea con el seguimiento que este medio hace del conflicto, como la decisión de Zelenski de reanudar los ataques contra refinerías rusas. Además, los países del G7 reunieron o están movilizando unos 260 millones de euros —alrededor de 291 millones de dólares— para consolidar el arco del sarcófago que cubre la central nuclear de Chernóbil, dañado en febrero de 2025 por un dron ruso que perforó la estructura instalada en 2016 sobre el reactor accidentado en 1986.
Un problema que también se siente en América
Aunque el foco geográfico del plan es África, la inseguridad alimentaria no es un asunto lejano para los lectores de este lado del Atlántico. Cada repunte de los fertilizantes y los granos se traslada a los precios de los alimentos en América Latina y en Estados Unidos, y las rutas que mueven esos productos ya han mostrado su fragilidad: los ataques con drones contra buques en el mar Negro son un recordatorio de lo expuestas que están las arterias por las que viajan el petróleo y los cereales del mundo.
Los organismos humanitarios advierten, además, que el fenómeno de El Niño previsto para el ciclo 2026-2027 podría empujar a decenas de millones de personas más hacia el hambre aguda si las cosechas fallan en las regiones más expuestas. En ese escenario, compromisos como el anunciado en Bangkok buscan que los países en riesgo lleguen a la próxima temporada de siembra con fertilizantes a su alcance, en lugar de esperar a que la emergencia obligue a una ayuda mucho más costosa.
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