Las elecciones en Nueva Zelanda terminaron este sábado con uno de los resultados más ajustados de su historia: con el 98 % de los votos escrutados, el Partido Nacional del primer ministro Christopher Luxon aventaja al Partido Laborista por apenas 317 votos, una diferencia mínima que obligará a negociar para formar el próximo Gobierno.
Según los datos provisionales de la Comisión Electoral, la formación conservadora suma 701.582 sufragios, el 29,3 % del total, y 42 escaños en el Parlamento. Muy cerca queda el Partido Laborista de Chris Hipkins, con 701.265 votos, también el 29,3 %, y 35 diputados proyectados. La igualdad en porcentaje entre los dos grandes partidos refleja un país dividido casi exactamente por la mitad.
Elecciones en Nueva Zelanda: Luxon admite que nada está decidido
El propio Luxon reconoció ante sus seguidores, en la sede de su partido, que el desenlace sigue abierto. «Los resultados están demasiado ajustados para darlo por decidido», afirmó el primer ministro, aunque subrayó que el Partido Nacional será la formación con mayor representación en el Parlamento y que, mientras se aclara el panorama, se mantendrá un gobierno en funciones.
Con 42 escaños, los conservadores quedan lejos de gobernar en solitario, por lo que la llave de la próxima legislatura estará en los partidos menores y en las negociaciones de coalición que ahora comienzan. Los laboristas, pese a quedar segundos por un puñado de votos, también conservan opciones si logran tejer acuerdos con otras fuerzas parlamentarias.
Un margen de 317 votos que puede cambiar
El margen es tan estrecho que el escrutinio restante, aunque representa solo el 2 %, podría alterar el reparto final de escaños entre las dos formaciones. En un sistema proporcional como el neozelandés, cada voto cuenta para la composición definitiva de la Cámara, y una diferencia de 317 sufragios sobre más de 1,4 millones emitidos entre ambos partidos es, en la práctica, un empate técnico.
Nueva Zelanda entra así en días de negociación política, con un gobierno en funciones, dos bloques empatados en votos y la certeza de que el próximo Ejecutivo, sea del color que sea, nacerá de un pacto. La Comisión Electoral deberá completar el conteo y oficializar unas cifras que ya han dejado una foto para la historia: dos partidos, el mismo porcentaje y solo 317 votos de distancia.