El Senado de Brasil aprobó este miércoles la enmienda constitucional que establece la semana laboral de 40 horas y pone fin a la escala conocida como 6×1, el esquema que obligaba a millones de empleados a trabajar seis días por cada uno de descanso. La votación, celebrada en dos rondas durante la misma sesión, deja la jornada máxima en cinco días semanales sin recorte de salario y convierte en realidad la principal promesa laboral del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
La reforma ya había superado su trámite en la Cámara de Diputados en mayo, por lo que el aval del Senado era el paso que faltaba para su promulgación. El nuevo límite no entrará en vigor de golpe: el diseño aprobado contempla una aplicación progresiva, con una primera rebaja a 42 horas en un plazo de dos meses y el salto definitivo a las 40 horas al cumplirse un año, un margen pensado para que las empresas adapten turnos y nóminas.
La semana laboral de 40 horas beneficiará a millones de trabajadores
El alcance del cambio es enorme en la mayor economía de América Latina. El Gobierno estima que más de 37 millones de empleados del sector formal quedarán cubiertos por el nuevo régimen, mientras que las centrales sindicales calculan que unos 22 millones verán reducida de forma efectiva su jornada, al ser quienes hoy soportan las escalas más largas, sobre todo en el comercio minorista y los servicios. La demanda de acabar con el 6×1 llevaba años en la agenda de los movimientos sindicales y se había convertido en un reclamo popular difícil de ignorar.
La reacción del oficialismo fue de celebración abierta. Lula calificó el resultado como una victoria de la clase trabajadora y lo vinculó a una idea sencilla: más tiempo para descansar, estar con la familia y ver crecer a los hijos. En la misma línea, el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, subrayó el impacto positivo de la medida para millones de personas de realidades muy distintas dentro del país, y el senador Randolfe Rodrigues defendió que Brasil se acerca así a los estándares de los países desarrollados con jornadas más cortas, como la semana laboral de 40 horas.
Un giro de Bolsonaro a once días del balotaje
La votación tuvo además una lectura electoral inevitable: el Senado decidió a solo once días de la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre, en la que Lula busca la reelección frente a Flávio Bolsonaro. El candidato del Partido Liberal, que durante mucho tiempo se opuso a la reducción, anunció en la víspera un cambio de postura, lo presentó como una respuesta a una demanda popular y terminó votando a favor de forma telemática desde Porto Alegre, donde cumplía actividades de campaña. Su respaldo arrastró al resto de la oposición, a la que sus partidos dieron libertad de voto.
El giro no pasó sin críticas. Senadores del oficialismo cuestionaron la firmeza de las convicciones del candidato y advirtieron del riesgo de que la reforma se revierta si cambia el Gobierno. La portavoz gubernamental en el Senado, Teresa Leitão, pidió mantenerse vigilantes para impedir retrocesos, mientras otros legisladores opositores que apoyaron el texto reprocharon la rapidez del proceso en plena recta final electoral.
Las empresas advierten sobre costos y empleo
El sector empresarial recibió la noticia con preocupación. La federación de comercio de São Paulo estima que el costo por hora trabajada podría subir alrededor de un 22 % y advierte de una posible pérdida de hasta 1,2 millones de empleos si las compañías no logran absorber el ajuste. Desde el propio Senado hubo voces que pidieron coordinación con los empresarios para amortiguar los efectos presupuestarios de la reforma durante su implantación gradual.
Con la enmienda aprobada, Brasil se suma a la discusión que recorre a buena parte de América Latina sobre cuánto debe durar la semana de trabajo, un debate que también interesa a la comunidad latina en Estados Unidos, donde la jornada estándar ronda las 40 horas. Para los trabajadores brasileños, el cambio empezará a sentirse en los próximos meses, a medida que el calendario de aplicación avance hacia la semana laboral de 40 horas definitiva.
En la región, otros gobiernos mueven fichas en paralelo, como se vio esta semana con la nueva megacárcel inaugurada en Costa Rica, las protestas en Colombia y el despliegue de soldados de Estados Unidos en Colombia.
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