Votantes latinos de Arizona que hace dos años tocaron puertas bajo un sol de 40 grados para devolver a Donald Trump a la Casa Blanca hoy le dan la espalda. El caso de Fernando Núñez resume el giro: en 2024 recorrió casa por casa los barrios de Arizona como voluntario de la campaña republicana, pero en las elecciones de medio mandato de la próxima semana no votará por los candidatos respaldados por el presidente. Su frase, recogida en un reportaje de la agencia AFP en el estado, se repite en boca de otros electores hispanos: «Trump nos traicionó».
El desencanto no es unánime ni total, pero sí lo bastante extendido como para inquietar a los estrategas republicanos a cuatro días de la cita con las urnas del 3 de noviembre, en la que se renueva toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Arizona fue uno de los estados péndulo que Trump ganó en 2024 apoyado, en parte, en avances históricos entre el electorado latino, y cualquier erosión de ese respaldo puede mover escaños en un Congreso que se decidirá por márgenes mínimos.
Votantes latinos de Arizona: el costo de vida y la migración, en el centro del enojo
Los testimonios recogidos en el estado apuntan a dos motores del malestar. El primero es el bolsillo: la inflación y el alto costo de vida encabezan las quejas de familias que esperaban alivio económico con el cambio de gobierno y que hoy sienten que las promesas no se cumplieron. Una encuesta reciente del Centro NORC de Investigación de Asuntos Públicos para la agencia AP, citada en la prensa estadounidense, dibuja ese clima a escala nacional: alrededor del 60 % de los votantes hispanos desaprueba la gestión del presidente y más del 70 % critica su desempeño económico.
El segundo motor es la política migratoria. Entre votantes que apoyaron a Trump convencidos de que las medidas se concentrarían en personas con antecedentes delictivos, el alcance de las operaciones contra migrantes ha generado una sensación de engaño que los propios protagonistas describen sin rodeos. La France 24, que ha seguido el descontento latino de cara a estas elecciones legislativas, lo resume así: una parte de quienes respaldaron al presidente en 2024 está molesta con su gestión y con su posición sobre los migrantes, además de con la inflación y el costo de vida.
Un estado péndulo donde cada voto latino cuenta
Arizona concentra como pocos estados la disputa por el voto hispano: su electorado latino es una porción decisiva del censo y sus distritos congresionales se han definido en ciclos recientes por diferencias estrechas. En el 6.º distrito, el republicano Juan Ciscomani —de origen inmigrante— busca un tercer mandato marcando cierta distancia del presidente y reivindicando su propia historia, un equilibrio que ilustra la incomodidad de los candidatos del partido en zonas de voto latino disputado.
El fenómeno de Arizona se inscribe en una recta final de campaña marcada por la ansiedad del electorado inmigrante: esta misma semana, votantes naturalizados de Ohio expresaron temor por la exigencia de probar su ciudadanía a días de las elecciones, un reflejo del clima de incertidumbre con el que millones de latinos llegan a la jornada del 3 de noviembre.
Para los demócratas, el desencanto es una oportunidad que buscan convertir en votos puerta a puerta en los mismos barrios donde en 2024 los republicanos celebraron avances impensables una década atrás; para los republicanos, el riesgo no es solo perder a los recién llegados a su coalición, sino que su abstención baste para entregar distritos enteros. En un estado que se decide por puñados de votos por precinto, la diferencia entre el entusiasmo de 2024 y la frialdad de 2026 puede medirse en escaños. Lo que decidan electores como Fernando Núñez —pasar de tocar puertas por Trump a negarle el voto a sus candidatos— puede pesar tanto en el equilibrio del Congreso como en el mapa político que heredará la carrera presidencial de 2028.