El pasado 22 de enero, el gobierno de Nicolás Maduro llevó a cabo un notable ejercicio militar en Venezuela, una maniobra que busca reafirmar su capacidad de fuerza tanto frente a adversarios internos como externos. Este despliegue, visible en las calles y amplificado por los medios de comunicación, se produce en un contexto de creciente tensión política y descontento social, en medio de temores sobre posibles intervenciones extranjeras.
#Comunicado
Si la Patria es amenazada, Venezuela puede contar con todo nuestro esfuerzo, trabajo y actividad para defenderla en fusión popular militar policial. Comunicado sobre el Ejercicio “Escudo Bolivariano 2025” que se realizará los días 22 y 23 de enero ¡VENCEREMOS! pic.twitter.com/wMdc92E9kt
— Marialcira Matute (@MarialciraMatuT) January 20, 2025Venezuela alcanza el puesto 50 en el ranking Global Fire Power 2025
Desde el Palacio de Miraflores, la cúpula cívico-militar del chavismo ha estado trabajando para consolidar su control en un escenario que podría tornarse turbulento tras las elecciones. La cohesión y lealtad de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) se han presentado como pilares fundamentales de la estrategia del gobierno para mantener el poder. La doctrina militar ha sido central para la llamada “Revolución Bolivariana” desde sus inicios, lo que ha permitido un sostenido crecimiento del gasto militar, la expansión de la Guardia Nacional y la creación de la Milicia Nacional Bolivariana. Este último componente, ideologizado y con un enfoque en la defensa interna, refuerza la capacidad del gobierno para responder ante crisis eventuales.
En términos de capacidad militar, Venezuela ocupa actualmente el puesto 50 en el ranking Global Fire Power 2025, destacándose como la séptima potencia militar de América Latina. Sin embargo, este despliegue de poder contrasta con las deficiencias internas que enfrenta la institución armada. Según un análisis del diario español El País, observadores independientes han señalado problemas significativos en la operatividad de las FANB, exacerbados por el deterioro socioeconómico del país y la desmotivación entre el personal militar.
Las críticas hacia las FANB también se centran en su limitada efectividad en tareas cruciales como la contención de grupos irregulares en la frontera y el control de la minería ilegal en zonas selváticas. A pesar de estos desafíos, Maduro cuenta con el apoyo crucial del general en jefe Vladimir Padrino López, quien ejerce como ministro de Defensa. Padrino López está comprometido en mantener el respaldo militar mediante esfuerzos dirigidos a garantizar estabilidad económica al personal castrense y modernizar el armamento.
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La aviación venezolana, compuesta por 79 unidades que incluyen cazas rusos Sukhoi y aviones F-16 estadounidenses, continúa siendo una de las mejor dotadas de la región. La estructura de defensa nacional está organizada a través de las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (Redi) y Zonas Operativas de Defensa Integral (Zodi), lo que asegura una cobertura militar en todo el territorio nacional.
Este modelo responde a la creciente preocupación del chavismo ante una posible intervención extranjera. La administración de Maduro ha interpretado como amenazas diversas posturas internacionales, especialmente desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la influencia de figuras políticas como Marco Rubio. En este contexto, Maduro ha afirmado estar dispuesto a “defender con su vida” la permanencia en el poder.
El ejercicio militar del 22 de enero no solo refleja la intención del gobierno venezolano de mostrar fuerza ante adversarios internos y externos, sino que también pone de relieve las tensiones políticas y sociales que se viven en el país. En un país donde la incertidumbre política es cada vez más palpable, el futuro del régimen de Maduro y su capacidad para mantenerse en el poder dependerán no solo del respaldo militar, sino también de su habilidad para abordar las crecientes demandas sociales y económicas de su población.



