Trump acepta los resultados de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos y se declaró dispuesto a trabajar con la nueva mayoría demócrata del Congreso, en una entrevista con The New York Times publicada en plena noche electoral de este martes, cuando las proyecciones ya apuntaban a una victoria demócrata en ambas cámaras.
El presidente aseguró que está «totalmente dispuesto a aceptar esos resultados» y abrió la puerta a negociar con sus rivales: «Esperamos poder trabajar con ellos. Probablemente lleguemos a algún acuerdo», dijo Trump al diario neoyorquino, en un tono muy distinto al de la confrontación que marcó la campaña.
Trump acepta los resultados, pero se desmarca de la derrota republicana
Antes de esa entrevista, el mandatario se había deslindado del revés de su partido en un mensaje en su plataforma Truth Social, en el que atribuyó la derrota a que su nombre no figuraba en la papeleta. «No me presenté a las elecciones y, de haberlo hecho, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría! Gracias por su atención a este asunto», escribió.
Trump se implicó de lleno en la campaña, con una veintena de mítines electorales en el último mes, porque los comicios al Congreso se interpretaban como un referéndum sobre su gestión en la Casa Blanca. Ese pulso es el que ahora queda en el aire, con un Congreso que pasa a manos demócratas y una agenda presidencial que necesitará votos de la oposición, como ya anticipaba el avance demócrata hacia la mayoría en la Cámara de Representantes.
Un Congreso demócrata y la sombra de 2020
Según las proyecciones de los medios, los demócratas arrebataron a los republicanos la Cámara de Representantes y se encaminan a conquistar también la mayoría en el Senado, con victorias clave en estados como Texas, Ohio, Carolina del Norte y Carolina del Sur. En Texas, James Talarico ganó el escaño en el Senado, el primer demócrata que lo logra desde 1988.
La declaración de este martes contrasta con 2020, cuando Trump no aceptó su derrota electoral frente a Joe Biden. Antes de estos comicios, el propio presidente había condicionado su reconocimiento a que las elecciones fueran «limpias», una frase que había alimentado el temor a una nueva disputa por el recuento. Su aceptación explícita, la misma noche de la votación, despeja ese escenario y abre una etapa de negociación obligada en Washington, en la que incluso instrumentos como el veto presidencial de Trump se perfilan como su principal palanca frente al nuevo Congreso.