El tiroteo de Trappes tuvo un móvil racista confesado por su propio autor.
El tiroteo de Trappes tuvo un móvil racista confesado por su propio autor. El fiscal nacional antiterrorista de Francia, Olivier Christen, informó este jueves de que Kévin T., el hombre de 39 años detenido por la matanza del pasado viernes en Trappes y La Verrière, reconoció ante los investigadores que sus objetivos eran personas musulmanas, africanas o norteafricanas, y que eligió Trappes porque, en su argumentación, esa localidad es «un refugio de islamistas». Al término de su detención preventiva, el sospechoso fue presentado este mismo jueves ante un juez instructor con vistas a su procesamiento y encarcelamiento, mientras la Fiscalía mantiene los cargos de asesinato e intento de asesinato de carácter terrorista, con el agravante de racismo.
Según el relato del fiscal, Kévin T. confesó los hechos a lo largo de seis interrogatorios, pero negó el carácter terrorista de su acción porque la consideraba legítima. Admitió haber disparado específicamente contra personas «de tipo musulmán o africano, norteafricano», una admisión que, para la Fiscalía Nacional Antiterrorista, confirma la agravante de haber elegido a las víctimas por su pertenencia real o supuesta a una raza, una etnia, una nación o una religión. El caso mantiene en vilo a Francia una semana después del ataque y en plena tensión política por los disturbios de los últimos días, un contexto europeo marcado también por tragedias como la del choque de trenes en Toledo.
Tiroteo de Trappes: 128 disparos, un muerto y siete heridos
El tiroteo de Trappes ocurrió el pasado viernes 23 de octubre, cuando el sospechoso recorrió en su vehículo Trappes y La Verrière, dos localidades situadas a unos 30 kilómetros al suroeste de París, y abrió fuego contra transeúntes. La Fiscalía eleva ahora el balance a un muerto y siete heridos, una cifra superior a la difundida en los primeros días: cuatro de los heridos están graves, tres siguen hospitalizados y uno tiene el pronóstico vital comprometido. En total, el atacante efectuó hasta 128 disparos con una metralleta.
Entre las víctimas figura una menor de 11 años que recibió hasta ocho impactos de bala. Preguntado por ella, el sospechoso rechazó haber querido disparar contra niños, aunque reconoció que la talla de la menor pudo llevarlo a error y afirmó que no lo lamenta, según trasladó el fiscal a la prensa. El presidente francés, Emmanuel Macron, había calificado el ataque de «atentado terrorista racista» y de punto de inflexión para el país, al tratarse de un acto planificado para matar a compatriotas por el color de su piel o por la religión que se les atribuye.
Pegatinas ultraderechistas y un ejemplar de Mein Kampf en su casa
Los registros en el domicilio del detenido aportaron, según Christen, indicios de su ideario: un cargador, un puño metálico, una bayoneta de acero y un silenciador, además de ejemplares del Corán, de la Biblia y de Mein Kampf, el libro de Adolf Hitler. Los investigadores hallaron también pegatinas confeccionadas por el propio sospechoso, algunas con el emblema de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen y con inscripciones como «Viva Francia», «Orgulloso de ser francés», «100 % francés» o «Apoyo a las fuerzas del orden».
En el interrogatorio, Kévin T. negó ser militante o simpatizante de ningún partido. Reconoció, eso sí, haber participado en manifestaciones anticapitalistas y lo justificó diciendo que en un momento de su vida quiso infiltrarse entre los izquierdistas. La Fiscalía sostiene que esos hallazgos refuerzan la pista de un atentado de extrema derecha, una línea que también marca la agenda europea de estos días, con decisiones como la salida anunciada de Christine Lagarde del Banco Central Europeo.
Una preparación minuciosa en los días previos, según la Fiscalía
Christen afirmó que varios elementos muestran una preparación minuciosa. El 3 de septiembre, y varios días más tarde, el sospechoso adquirió elementos de armas para reforzar la eficacia táctica de la metralleta utilizada, además de un brazalete de policía y unas esposas. En los días previos al ataque reembolsó deudas familiares y, un día antes de los tiroteos, suprimió sus cuentas en redes sociales, vendió su ordenador portátil y escondió su teléfono móvil; esos dispositivos no fueron localizados hasta el pasado domingo y aún no han sido analizados por los investigadores.
El sospechoso declaró sufrir problemas psiquiátricos y estar bajo tratamiento. Según el fiscal, consumía estupefacientes desde los 13 años y, tras su detención, los análisis hallaron en su sangre restos de estupefacientes y de los medicamentos antipsicóticos que le prescribían sus médicos. Con la presentación ante el juez instructor, el caso entra ahora en su fase judicial, mientras las víctimas siguen recuperándose en hospitales de la región parisina.