Las renuncias en el Departamento de Justicia se multiplicaron este viernes en Washington.
Las renuncias en el Departamento de Justicia se multiplicaron este viernes en Washington. Tres funcionarios de alto perfil han dejado la institución en los días posteriores a la dura derrota republicana en las elecciones intermedias, en una sacudida que encabeza Jason Reding Quiñones, el fiscal federal del Distrito Sur de Florida que dirigió la amplia investigación sobre los adversarios políticos del presidente Donald Trump, según informaron fuentes familiarizadas con el asunto a la cadena CNN.
Quiñones renunció a su cargo bajo presión de la cúpula del departamento, pese a su disposición a impulsar algunas de las pesquisas más polémicas deseadas por el presidente. Junto a él anunció también su salida este viernes John Eisenberg, el jefe de la División de Seguridad Nacional, mientras que Harmeet Dhillon dejó el jueves la jefatura de la División de Derechos Civiles, en una renovación que, según las mismas fuentes, se esperaba desde hacía semanas dentro de la institución.
Renuncias en el Departamento de Justicia: Quiñones, el fiscal de la «gran conspiración»
El fiscal general Todd Blanche anunció la salida de Quiñones en una publicación en redes sociales, en la que afirmó que el departamento está «agradecido por el liderazgo de Jason» en la lucha contra el crimen violento, el narcotráfico, la trata de personas y el crimen transnacional. Quiñones, por su parte, agradeció a Trump «su confianza» y elogió a los hombres y mujeres de la fiscalía del sur de Florida.
Nacido en Miami e hijo de un refugiado político cubano, Quiñones juró el cargo el 13 de agosto de 2025 y fue el primer fiscal federal confirmado por el Senado durante el segundo mandato de Trump. Desde su oficina en Miami encabezó la investigación de la supuesta «gran conspiración» contra el presidente, que derivó en decenas de citaciones a exfuncionarios de las administraciones de Barack Obama y Joe Biden vinculados a las pesquisas sobre la trama rusa, entre ellos el exdirector de la CIA John Brennan, James Clapper y el exdirector del FBI James Comey, sin que hasta ahora se haya presentado ninguna acusación derivada de ese caso.
Su gestión sí dejó una de las acusaciones más trascendentales del departamento bajo esta administración: la imputación, desclasificada en mayo pasado, contra el expresidente cubano Raúl Castro por su presunto papel en el derribo en 1996 de las avionetas de Hermanos al Rescate. Sin embargo, según el relato de CNN, su promesa de presentar cargos en cuestión de meses contra los exfuncionarios investigados no se materializó y la cúpula lo responsabilizó cuando esos planes no llegaron a concretarse. El anuncio de su salida causó sorpresa este viernes en la Fiscalía Federal de Miami, donde muchos desconocían lo rápido que había caído en desgracia.
Eisenberg y Dhillon completan la ola de salidas
La renuncia de John Eisenberg deja vacante la jefatura de la División de Seguridad Nacional, una de las áreas más sensibles del departamento, encargada de los casos de contraterrorismo, espionaje y operaciones de inteligencia. La de Dhillon, anunciada el jueves, ya había abierto la semana de cambios en la División de Derechos Civiles.
Con los demócratas ahora en posición de ejercer el control de supervisión e iniciar investigaciones desde el Congreso, algunos altos funcionarios consideran que las figuras más incendiarias de la institución pueden convertirse en un lastre, y no se descarta que parte de los salientes regresen a lucrativos empleos en bufetes privados cuando aún quedan dos años de mandato.
Un problema de confirmaciones para la Casa Blanca
Las renuncias en el Departamento de Justicia plantean además un desafío práctico para la administración: confirmar a los reemplazos ante un Senado controlado por los demócratas será una tarea cuesta arriba, por lo que el presidente podría optar por designar líderes interinos para desempeñar esas funciones durante el resto de su mandato. Blanche, por su parte, intenta recuperar el control de un departamento en el que, según las fuentes citadas, funcionarios como Quiñones y Dhillon eran vistos como fuente de problemas por hacer promesas de alto perfil que no podían cumplir. La salida de ambos, advierten, no apagará el interés demócrata en investigar sus actuaciones.