El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha realizado una acusación sin precedentes al afirmar que el cártel mexicano de Sinaloa es el «jefe actual» del Ejército de Liberación Nacional (ELN), una guerrilla colombiana responsable recientemente del peor estallido de violencia en una década. Esta declaración tiene lugar en un contexto marcado por intensos enfrentamientos entre el ELN y exmiembros desmovilizados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la región fronteriza con Venezuela.
La afirmación del presidente Petro se hizo pública durante un discurso en la ciudad noresteña de Bucaramanga, donde destacó que los verdaderos dueños detrás del ELN no son comandantes colombianos sino quienes compran cocaína originaria de México. Este vínculo entre el ELN y el cártel Sinaloa refleja una relación largamente conocida pero ahora más explícitamente reconocida por las autoridades colombianas.
Desde mediados de enero, Colombia ha liderado una ofensiva militar contra los rebeldes del ELN cerca la frontera con Venezuela. Esta zona es particularmente crítica debido a su alta concentración de cultivos ilegales como la hoja coca, base para producir cocaína. Según informes internacionales, Colombia sigue siendo uno los principales productores mundiales esta droga.
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La violencia reciente ha dejado un saldo devastador: al menos 53 muertos confirmados, ocho personas desaparecidas y más 50.000 desplazados forzadamente desde sus hogares debido a los enfrentamientos armados. El epicentro fue la región limítrofe conocida como Catatumbo.
Los vínculos históricos entre grupos armados colombianos y organizaciones criminales internacionales como el cártel Sinaloa han sido objeto estudio durante años; sin embargo esta nueva acusación eleva significativamente las implicaciones políticas y estratégicas para combatir tanto terrorismo interno como tráfico internacional drogas.


