Los partidos árabes de Israel se convirtieron en los grandes árbitros de la política del país tras las elecciones legislativas del martes. Con el escrutinio en torno al 93 %, las formaciones árabes suman 19 escaños en la Knesset, el Parlamento de 120 diputados: es el mejor resultado de su historia y deja a los dos grandes bloques sin mayoría, porque ni el del primer ministro Benjamín Netanyahu, con 53 escaños junto a sus aliados, ni el del opositor Gadi Eisenkot, con 48, alcanzan los 61 necesarios para gobernar.
La llave la tiene Mansour Abbas, líder del partido islamista Ra’am, que se mostró abierto a apoyar un gobierno opositor encabezado por Eisenkot, el exjefe del Estado Mayor que encabeza el partido Yashar. Abbas no exige necesariamente entrar en el gabinete: su formación ya hizo historia en 2021, cuando se convirtió en el primer partido árabe independiente en integrarse en una coalición de gobierno y cambió el papel de los partidos árabes de Israel, junto a Naftali Bennett y Yair Lapid, y ahora se abre a repetir la fórmula desde dentro o con un respaldo parlamentario.
Los partidos árabes de Israel, ante su mayor influencia en décadas
La otra gran fuerza árabe, la Lista Conjunta de Ayman Odeh (Hadash), marcó distancias: Odeh descartó sentarse en un Ejecutivo con Eisenkot, a quien reprocha su pasado militar, pero no cerró la puerta a un apoyo externo y puntual a iniciativas concretas, una vía que también podría inclinar la balanza en votaciones clave de la Knesset.
Detrás del récord está la movilización: la participación del electorado árabe superó el 60 %, la más alta desde 1999, y la participación general rondó el 77 %, en una jornada que el propio escrutinio previo ya había mostrado empatada, como contó esta casa cuando el conteo iba por el 48 %. Los analistas atribuyen el salto del voto árabe al hastío acumulado durante la guerra con Irán, a las detenciones de palestinos con ciudadanía israelí y al aumento de la violencia de los colonos en la Cisjordania ocupada.
Netanyahu y Eisenkot rechazan, por ahora, la mano árabe
El problema para la oposición es político: Eisenkot ha rechazado depender de los partidos árabes y apuesta por sumar socios judíos o por un gobierno de unidad nacional, mientras Netanyahu, que busca un Ejecutivo «nacional de derecha», llegó a calificar a Abbas de «partidario del terrorismo». Así, Israel entra en días de negociaciones con un escenario inédito: el bloque que quiera gobernar tendrá que elegir entre pactar con los partidos árabes, forzar una gran coalición entre rivales o encaminarse a unas nuevas elecciones.
El siguiente paso corresponde al presidente Isaac Herzog, que consultará a los líderes de cada partido y encargará formar gobierno a quien tenga más opciones de reunir los 61 apoyos; ese candidato dispondrá de 28 días, prorrogables, para cerrar una coalición. Mientras tanto, Netanyahu seguirá como primer ministro en funciones y el conteo definitivo se conocerá en los próximos días, con los partidos árabes de Israel convertidos en la pieza que puede decidir el próximo gobierno. Puedes seguir el resto de la actualidad internacional en la sección de Mundo de La Noticia De Hoy.