
De jugarlo todo a no jugar nada. Esa es la realidad de Fran García. De un Mundial de Clubes exultante. De ser el único jugador de campo (el otro fue Courtois) en volver de Estados Unidos con 540 minutos en la mochila. De volverse intransferible cuando parecía que su silla se movía. De demostrar que Xabi le entiende y que su fútbol entiende al tolosarra. De echar la puerta abajo a ver cómo esta se cierra. Por la llegada de Carreras, adaptado a toda velocidad, como su apellido. Sin minutos en las tres primeras jornadas. Contra Osasuna, Oviedo y Mallorca, agua. Un giro de 180 grados para Fran García. De exprimir la tierra de las oportunidades a quedarse sin ellas.


