Madres, familiares y amigos de presos políticos se congregaron frente a la Fiscalía en Caracas el 9 de diciembre para exigir la liberación inmediata de sus seres queridos. Esta manifestación, que marca la tercera vez que estos grupos se presentan ante el Ministerio Público sin recibir respuesta, se centró en presentar pruebas de las violaciones sistemáticas de derechos humanos que enfrentan los detenidos.
Los manifestantes afirmaron que los acusados son inocentes de los delitos que se les imputan y demandaron la revisión de todos los casos. Sol Ocariz, hermana de Edward Ocariz, un preso recluido en el penal de Tocuyito, expresó su frustración: “Ya que dicen que no han recibido denuncias, aquí estamos presentando reclamos individuales”.
Ocariz subrayó la importancia de no dejar de hablar sobre las injusticias que se cometen y afirmó su derecho a expresarse como ciudadana agredida por el gobierno.
La situación dentro de las cárceles venezolanas es alarmante. Los familiares de Carlos Valecillo, otro preso en Tocorón, informaron que él está con vida pero en condiciones críticas. Valecillo fue trasladado a la enfermería del penal tras intentar quitarse la vida el 8 de diciembre. Sus familiares denunciaron que “mi hermano está muy deprimido. No solo él, muchos de los que están ahí necesitan ayuda porque están viviendo un infierno”.
La situación se agrava con las condiciones inhumanas en las que viven los reclusos, quienes reciben comida en mal estado y son aislados del resto.Mónica Sánchez, hermana de Valecillo, compartió su desesperación: “No tienen vida ellos y nosotros aquí afuera también estamos desesperados”. Asimismo, Johana Rojas, hermana de Leonardo Rojas, un operador de Corpoelec también preso en Tocorón, reveló que su hermano ha perdido más de 20 kilos debido a la depresión y al maltrato recibido.
“Está deprimido, y todos los muchachos que están detenidos quieren atentar contra su vida porque les dicen que van a durar 30 años presos”, indicó.
Las denuncias no se limitan solo a las condiciones carcelarias; también se extienden a las vejaciones sufridas por los familiares durante las visitas. Una familiar relató una experiencia humillante al intentar visitar a su ser querido en Yare III: “Nos mandaron a abrirnos nuestras partes y las iluminaban con la linterna de un teléfono; nos ponían a pujar”. Esta violencia psicológica añade una capa más al sufrimiento ya extremo que enfrentan tanto los reclusos como sus familias.
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Sonia Mujica, madre de Leonardo Rojas, enfatizó su determinación: “Yo no pienso parar de protestar hasta que se haga justicia porque lo que están cometiendo es una atrocidad”.


