Cuba enfrenta una crisis energética sin precedentes, ya que este miércoles se prevé que hasta el 47% del país sufra apagones simultáneos, una de las tasas más elevadas registradas en lo que va del año.
Según el informe diario de la estatal Unión Eléctrica (UNE), esta situación se debe a la falta de combustible y a las averías en las obsoletas centrales termoeléctricas, que han sido objeto de un déficit crónico de mantenimiento e inversiones.
La crisis cubana se ha intensificado desde finales de agosto, cuando un apagón total dejó a la isla sin servicio eléctrico durante tres días a finales de octubre.
El informe de la UNE indica que la capacidad máxima de generación eléctrica para la tarde-noche de este miércoles será de 1.616 megavatios (MW), mientras que la demanda alcanzará los 2.900 MW. Esto significa un déficit proyectado de 1.370 MW, con una afectación real que podría alcanzar los 1.284 MW en los momentos de mayor demanda.
De las 20 unidades generadoras distribuidas en las siete centrales termoeléctricas operativas del país, cinco están averiadas y cuatro en mantenimiento, lo que agrava aún más la situación.
La crisis energética cubana es el resultado de múltiples factores interrelacionados. La falta de divisas para importar combustible ha llevado a un déficit crónico en el suministro energético. Además, las plantas termoeléctricas, muchas de ellas con más de cuatro décadas de antigüedad, no han recibido el mantenimiento adecuado.
En este contexto, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se enfrenta también al paso del huracán Rafael, que se prevé afecte a más de 4 millones de personas en el occidente de la isla.
Las autoridades han informado que 78 centrales de generación distribuida y una central flotante rentada están fuera de servicio por falta de combustible.
Esta situación ha llevado al gobierno a declarar una “emergencia eléctrica”, implementando medidas como la suspensión de actividades no esenciales y la paralización del suministro eléctrico en varias zonas del país.
La crisis ha generado un descontento creciente entre la población, que ha experimentado cortes eléctricos prolongados y ha visto cómo sus condiciones de vida se deterioran.
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Desde hace años, los apagones son una constante en Cuba, pero la magnitud actual se asemeja a los peores momentos vividos en 2021 y 2022. La combinación de un sistema eléctrico obsoleto y la creciente demanda energética ha llevado a protestas antigubernamentales y un clima social cada vez más tenso.
La situación económica también se ha visto afectada; en 2023, la economía cubana se contrajo un 1.9%, evidenciando el impacto negativo que tienen los cortes eléctricos en las actividades productivas.


