Los condominios La Guaira no tienen cómo levantarse solos.
Los condominios La Guaira no tienen cómo levantarse solos. El Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) alertó este viernes que ningún condominio ni propietario particular del litoral central cuenta con recursos económicos suficientes para costear la recuperación o reconstrucción de sus inmuebles, casi cuatro meses después de los terremotos del 24 de junio que devastaron amplias zonas del estado.
La advertencia la hizo el ingeniero Rafael Pacheco Noguera durante la conferencia «Análisis postsismo: Impacto y consecuencias en el sector inmobiliario y en la infraestructura física, social y económica», en la que el gremio puso sobre la mesa la dimensión real del daño: no se trata solo de edificios caídos, sino de una economía local que perdió su base y de miles de familias que no tienen de dónde pagar una reconstrucción.
Condominios La Guaira: hasta el 60 % de los clubes y conjuntos, cerrados
El dato más duro de la jornada es el cierre definitivo de hasta un 60 % de los condominios y clubes sociales de Playa Grande y Marina Grande, dos de las zonas residenciales y recreativas más conocidas del litoral, por los daños estructurales que dejaron los sismos. Son conjuntos que durante décadas sostuvieron la vida de fin de semana de la clase media caraqueña y guaireña, y que hoy están convertidos en estructuras inhabitables sin un plan claro de recuperación.
Según el CIV, con esos cierres desaparecieron también las fuentes de empleo que giraban alrededor del puerto, el aeropuerto, los propios condominios y los clubes: conserjes, personal de mantenimiento, trabajadores de servicios y comerciantes de la zona perdieron su sustento en una cadena que todavía no encuentra cómo reactivarse.
Un suelo frágil bajo Caraballeda y Macuto
Pacheco Noguera justificó la magnitud de los daños por una combinación crítica de factores geológicos. Muchas edificaciones de La Guaira se asentaron sobre conos aluviales, sedimentos bajados de las vertientes del Waraira Repano a lo largo de los siglos: el ingeniero habló de unos 23 tipos de sedimentos, con profundidades de hasta 300 o 400 metros, un terreno inestable que quedó todavía más comprometido tras los deslaves y las crecidas históricas de la región.
Esos casos se presentan con fuerza en zonas como Caraballeda y Macuto, en el litoral este, donde el colapso de edificaciones fue más severo. A la fragilidad del suelo se sumaron, según el gremio, las deficiencias en las inspecciones técnicas y el incumplimiento de las normas antisísmicas, dos factores que «potenciaron el colapso de edificaciones a partir de los eventos» sísmicos de junio.
La clase media y el aparato productivo, golpeados
En materia económica, el diagnóstico del Colegio de Ingenieros es igualmente severo: el sector comercial e inmobiliario del litoral «quedó severamente golpeado, afectando de forma directa a la clase media y destruyendo el aparato productivo local». Sin recursos privados para reconstruir y sin un mecanismo de financiamiento a la vista, la recuperación de los condominios La Guaira queda en el aire, dependiendo de decisiones que todavía no se anuncian.
La alerta de los ingenieros se suma a las demás secuelas que los terremotos siguen dejando en la vida diaria de la región. Como contamos en La Noticia De Hoy, una escuela de El Junquito sigue funcionando como refugio y sus 1.948 alumnos van a clases apenas una o dos veces por semana, una muestra de que la emergencia de junio todavía define la rutina de miles de familias del litoral y de la capital.
Lo que se sabe hasta ahora
El Colegio de Ingenieros sostiene que ningún condominio ni propietario particular de La Guaira puede pagar por sí solo la reconstrucción de su inmueble. Hasta el 60 % de los condominios y clubes sociales de Playa Grande y Marina Grande cerraron de forma definitiva por daños estructurales. El gremio atribuye la magnitud del desastre a la fragilidad de los suelos en zonas como Caraballeda y Macuto, a las fallas de inspección técnica y al incumplimiento de las normas antisísmicas. Y advierte que, sin financiamiento, el empleo y la actividad productiva del litoral no tienen cómo volver.