La educación tras terremotos en Venezuela sigue sin volver a la normalidad casi cuatro meses después de los sismos del 24 de junio.
La educación tras terremotos en Venezuela sigue sin volver a la normalidad casi cuatro meses después de los sismos del 24 de junio: la escuela Luis Hurtado Higuera, en el kilómetro 12 de El Junquito, funciona como refugio de damnificados y sus 1.948 alumnos reciben clases apenas uno o dos días por semana en planteles prestados, según un reportaje de TalCual publicado este viernes.
Padres, representantes y organizaciones educativas hicieron un llamado al Ministerio de Educación para atender las dificultades de estudiantes e instituciones tras los terremotos: ocupación de escuelas por damnificados, clases reducidas, falta de transporte y deficiencias de infraestructura que ya existían antes de los temblores.
Educación tras terremotos: 1.948 alumnos fuera de su escuela
El plantel Luis Hurtado Higuera, ubicado en la urbanización del mismo nombre, no sufrió daños por los sismos, pero fue habilitado como campamento para las familias que perdieron sus viviendas. Casi cuatro meses después, los afectados siguen esperando una solución habitacional del Estado que les permita abandonar la sede y devolverla a sus estudiantes, desde preescolar hasta quinto año de bachillerato.
Según Yéssica Rodríguez, representante y miembro del comité de padres, en el refugio había 123 familias integradas por 345 personas, de las cuales el 80 % eran niños. En los últimos días, 11 familias fueron trasladadas a hogares permanentes y se anunció que otras 60 podrían salir en los próximos días, lo que permitió comenzar la recuperación de un área del plantel. La comunidad educativa había solicitado una concentración y una mesa de trabajo con las autoridades, sin respuestas concretas hasta ahora.
La promesa del 14 de septiembre quedó incumplida
La educación tras terremotos dependía de ese calendario: el nuevo año escolar comenzó hace más de un mes. El ministro de Educación, Héctor Rodríguez, había prometido que los planteles habilitados como refugios estarían desocupados para el pasado 14 de septiembre, pero la promesa no se cumplió al 100 %. La última cifra dada por el propio ministro ese día indicaba que 19 escuelas permanecían ocupadas como refugios, y hasta hoy se desconoce con precisión cuántas siguen funcionando como campamentos.
Nancy Hernández, presidenta de la Federación Nacional de Sociedades de Padres y Representantes (Fenasopadres), calificó el anuncio de «promesa incumplida» y denunció la opacidad constante de la información escolar: no hay estadísticas oficiales de cuántos niños desplazados no están asistiendo a clases, ni el detalle por escuela, municipio o parroquia. A su juicio, enviar a los alumnos una vez a la semana es justificar que el año escolar empezó, pero de ninguna manera significa que haya empezado de verdad.
Aulas prestadas, un día de clases y cuatro jeeps
Los estudiantes de la Luis Hurtado Higuera fueron distribuidos en tres instituciones de la misma urbanización: Cristo Redentor, Rey Jesús y el Centro de Educación Integral de Formación y Atención (Ceifa). La reubicación no alcanza para normalizar la educación tras terremotos: la escuela de origen tiene cinco secciones por grado y funciona en doble turno, mañana y tarde, mientras las aulas receptoras están diseñadas para grupos de 20 a 25 estudiantes solo en horario matutino. Algunos grados, entre ellos preescolar, todavía no han podido iniciar clases.
Marbelis Oropeza, representante de un alumno de cuarto año, contó que su hijo ve clases un día a la semana, solo cuatro horas, y que la reducción de la jornada ya afecta el ánimo de los estudiantes. Los alumnos de bachillerato, además, deben ingresar por una puerta trasera del plantel que los recibe, no pueden usar el patio y tuvieron al principio cuatro horas continuas sin receso, de 1:00 p. m. a 5:00 p. m.; luego se les permitió un descanso de 20 minutos dentro del salón.
Al problema de la educación tras terremotos se suma el transporte: la urbanización cuenta apenas con cuatro jeeps comunales para toda la comunidad. Al inicio del año escolar, la jefa de la Zona Educativa del Distrito Capital, Mari Carmen Vega, informó que había sido aprobada una ruta escolar, pero las familias aseguran que hasta ahora no la han visto funcionar.
El liceo Carlos Morales solo manda tareas por WhatsApp
El mismo cuadro de educación tras terremotos atraviesa el liceo Carlos Morales, en Quinta Crespo. Celeste Sánchez, representante de un estudiante de cuarto año, explicó que antes del inicio de clases les informaron que la sede tenía «etiqueta amarilla» y que no han sido reubicados a otro espacio: no hay clases presenciales y las actividades llegan por WhatsApp y por correo.
El panorama de la educación tras terremotos se repite así en varios puntos de la capital, mientras la región sigue procesando los sismos de los últimos meses: esta misma semana, la gala de los Premios Billboard rindió un homenaje a las víctimas de los terremotos de Venezuela, Colombia y Panamá, y en Panamá se confirmó la segunda muerte por el sismo de magnitud 7,7 en Azuero. En las calles de Caracas, la exigencia de respuestas también se expresó en la multitud que se concentró en Plaza Venezuela para pedir elecciones y el regreso de María Corina Machado.
Lo que se sabe hasta ahora de la educación tras terremotos
La escuela Luis Hurtado Higuera, en el kilómetro 12 de El Junquito, es el caso más documentado de la educación tras terremotos en la capital: no sufrió daños, pero sigue ocupada como refugio casi cuatro meses después de los sismos del 24 de junio.
Las cifras que manejan los propios padres son concretas: 1.948 alumnos fuera de su sede, 123 familias damnificadas dentro del plantel y 19 escuelas ocupadas como refugios en todo el país según la última cifra oficial, dada por el ministro de Educación el 14 de septiembre.
La salida parcial ya comenzó: 11 familias fueron trasladadas a hogares permanentes y se anunció que otras 60 podrían salir en los próximos días, lo que permitiría recuperar la primera área del plantel.
Por qué importa
La educación tras terremotos importa porque el daño de un sismo no termina cuando deja de temblar: se mide en los meses de clases que pierde una generación. En El Junquito, 1.948 estudiantes compiten por aulas prestadas mientras 345 damnificados siguen viviendo en su escuela a la espera de una vivienda: son dos derechos —la educación y el techo— esperando la misma respuesta del Estado. Para los venezolanos dentro y fuera del país, el caso de la Luis Hurtado Higuera es el termómetro de una recuperación que, casi cuatro meses después, todavía no llega al aula.