Brasil dio este martes un paso que llevaba un año prometiendo: presentó su hoja de ruta para acelerar la salida de los combustibles fósiles, un documento de 182 páginas que propone a cada país abandonar el petróleo, el gas y el carbón según sus propias circunstancias. La potencia sudamericana, organizadora de la pasada COP30 de Belém, difundió el texto a pocos días de la COP31 de Antalya, en Turquía, prevista del 9 al 20 de noviembre con delegaciones de cerca de 200 países.
El documento es un intento de concretar el impulso de la histórica declaración de la COP de Dubái de 2023, que por primera vez habló de una salida progresiva de los combustibles fósiles. Ese compromiso no logró entrar en el texto final de la cumbre de Belém del año pasado por la presión de los países productores de hidrocarburos, y a cambio la presidencia brasileña se comprometió a promover esta iniciativa voluntaria, consultando a gobiernos, empresas e investigadores de más de 100 países.
Salida de los combustibles fósiles: un plan distinto para cada país
La hoja de ruta no crea nuevos compromisos ni es fruto de una negociación, y tampoco evalúa a los países individualmente. En su lugar propone una metodología con distintos niveles de exposición según la dependencia de cada nación como consumidora o productora. «Salir de los combustibles fósiles es urgente» y «posible», afirma el texto. A los países productores les recomienda revisar los subsidios al consumo, formar a los trabajadores para que cambien de sector y construir un colchón fiscal con el que financiar la diversificación; a los muy dependientes como consumidores les muestra el paso a paso para cubrir su demanda con energía eólica y solar asequible.
«Está escrito para que cada país reconozca sus propias circunstancias en el análisis» y actúe «en esta década crítica», señala el informe. Ana Toni, directora ejecutiva de la COP30 y una de las principales promotoras del documento, lo resumió así: «El lugar en que se encuentra Brasil es muy diferente de donde se encuentran Guyana, Noruega, Estados Unidos o Canadá», porque cada uno tiene un tipo de combustible fósil que exige una transición diferente. El texto se abordará el 10 de noviembre en Antalya, antes de la cumbre de líderes de los dos días siguientes.
El reloj climático que aprieta a Brasil y al mundo
El informe insiste en la urgencia del momento: hay un 75 % de probabilidades de que el calentamiento global supere en el próximo lustro el objetivo de 1,5 °C fijado por el Acuerdo de París de 2015. Y advierte de un efecto directo sobre la mesa de millones de personas: sin una adaptación eficaz, «la producción global de alimentos podría caer hasta un 14 % para el año 2050». El petróleo, el gas y el carbón representan hoy el 73 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Brasil presentó en paralelo otra hoja de ruta para detener y revertir la deforestación mundial de aquí a 2030, días después de la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Bajo su tercer mandato, la deforestación anual en la Amazonía brasileña, de agosto de 2025 a julio de 2026, alcanzó su nivel más bajo desde que hay registros históricos, en 1988. «Ahora corresponde a la Presidencia de la COP31 continuar el trabajo de Brasil, y a los países mostrar sus propios planes» hacia «economías limpias y resilientes», comentó Katrine Petersen, experta del centro de reflexión E3G. La anfitriona Turquía, por su parte, fijó como prioridad la electrificación: que la electricidad llegue al 35 % del consumo global de energía en 2035, frente al 23 % actual. Sigue la agenda internacional del día en nuestra sección de Mundo, donde este martes también se conoció que Trump cortará la ayuda militar a Israel.