Los votantes latinos en Texas que en 2024 le dieron a Donald Trump un apoyo histórico en la frontera sur llegan a las elecciones intermedias de este martes 3 de noviembre con un descontento que ya se escucha en las iglesias, en las filas del voto anticipado y en las mesas de las familias del
Los votantes latinos en Texas que en 2024 le dieron a Donald Trump un apoyo histórico en la frontera sur llegan a las elecciones intermedias de este martes 3 de noviembre con un descontento que ya se escucha en las iglesias, en las filas del voto anticipado y en las mesas de las familias del Valle del Río Grande: la frontera se cerró, pero muchos sienten que viven peor.
El reportaje de BBC News Mundo, publicado este lunes 2 de noviembre, recorre los condados de Cameron, Hidalgo, Starr y Willacy, una franja junto a Tamaulipas donde más del 90 % de la población se identifica como latina o hispana. Allí Trump pasó de perder por 15 puntos en 2020 a ganar los cuatro condados en 2024, con ventajas de entre 3 y 16 puntos, impulsado por la promesa de blindar la frontera y mejorar una economía local donde las familias ingresan un tercio menos que el promedio nacional y la pobreza duplica la del país.
Votantes latinos en Texas: el hermano deportado de Jessica Cantú
Jessica Cantú, de 38 años y madre de seis hijos, votó por Trump en 2024 por primera vez junto a su esposo. Dos años después vio deportar a su hermano y hoy se dice arrepentida. «Aseguró que iría tras los criminales y los que veo deportados no lo son, son gente buena trabajadora», le contó a la BBC. «También dijo que acabaría con las guerras, que mejoraría la economía. Pero atacó Irán, puso aranceles, rompió sus promesas y nos dio la espalda». Su frase resume el sentir que recorre el Valle: «Los latinos nos sentimos usados y traicionados».
Las cifras ayudan a entender el malestar. Según datos oficiales obtenidos por el Deportation Data Project de la Universidad de California, Texas concentró en julio de 2026 alrededor de un tercio de todos los arrestos de ICE en Estados Unidos, más que cualquier otro estado, dentro de un mes récord de 49.571 detenciones en el país. Y solo el 27 % de los detenidos ese mes tenía antecedentes penales, el nivel más bajo registrado, un dato que alimenta la percepción de que la ofensiva migratoria alcanza a trabajadores sin historial delictivo.
Entre la frontera segura y el rechazo a las redadas
El matiz que repiten los entrevistados es clave para leer el voto de este martes: en el Valle, un votante puede apoyar reforzar la frontera y, al mismo tiempo, rechazar la actuación de ICE. Este tramo del río Bravo fue en su día el más transitado de la frontera, con más de 2,5 millones de encuentros con migrantes en un solo año durante la presidencia de Joe Biden; hoy los cruces irregulares están en su nivel más bajo en décadas.
El alcalde republicano de McAllen, Javier Villalobos, celebra ese cierre, pero admite que el problema surge cuando las deportaciones afectan a personas trabajadoras que respetan la ley. Del otro lado, Richard Gonzalez, presidente del Partido Demócrata en el condado de Hidalgo, coincide en el fondo: nadie defiende una frontera abierta, pero piden que las leyes migratorias se apliquen «de forma humana». El profesor Álvaro J. Corral, de la Universidad de Texas Valle del Río Grande, lo resume así: el votante promedio «quiere el ICE de Biden y la Patrulla Fronteriza de Trump».
La fe, los pastores y un sistema que piden reformar
La política en el Valle también se mueve desde los púlpitos. El pastor Luis Cabrera, de la City Church de Harlingen, que en 2022 y 2024 empujó el voto conservador, impulsa ahora la iniciativa Souls to Polls para llevar a los fieles a votar tras el culto, aunque reconoce el «desasosiego» por el costo de la vida y las deportaciones. En la capilla La Lomita, el padre Roy Snipes, el «sacerdote vaquero» que se opuso a expropiar los terrenos de su iglesia para el muro fronterizo, dedicó su sermón del viernes a denunciar que no hay «ninguna excusa válida para detener, encarcelar y deportar a gente pobre y buena que son nuestros vecinos».
Al fondo, empresarios como Benny Meléndez, dueño de una constructora, piden lo que las campañas locales ya incorporaron a sus mensajes: una reforma migratoria que permita salir de las sombras a los 16 millones de personas que llevan años en el país sin estatus legal. Incluso la congresista republicana Mónica de la Cruz, que busca conservar su escaño por el distrito 15 de Texas, protagoniza un anuncio con una mujer del Valle cuyo esposo, beneficiario de DACA, fue detenido por ICE y que atribuye a la legisladora haber quedado atrapada en «un sistema de inmigración roto».
Las encuestas nacionales apuntan en la misma dirección que el ánimo del Valle: en mayo, Pew Research Center halló que el 52 % de los estadounidenses consideraba excesivas las medidas de control migratorio, y a finales de septiembre un sondeo de Politico y Public First encontró que el 31 % de los republicanos no alineados con el movimiento MAGA cree que la campaña de deportaciones se ha vuelto demasiado agresiva. Este martes, con el control del Congreso en juego, el sur de Texas dirá si el histórico giro latino de 2024 se sostiene o si el descontento lo revierte.