El reencuentro tendrá que esperar. Micah Parsons no debutará esta temporada contra los Dallas Cowboys, el equipo con el que se convirtió en una de las estrellas más temidas de la NFL, y su regreso con los Green Bay Packers sigue sin fecha definida: el estelar cazamariscales todavía no recibe el alta médica ni siquiera para volver a entrenar, mientras completa la recuperación de la rotura del ligamento cruzado anterior que sufrió la temporada pasada.
El entrenador en jefe Matt LaFleur confirmó este lunes que el defensivo continúa sin poder practicar y que el cuerpo médico del club aún no le da luz verde. «En cuanto nos den luz verde, estará ahí. Eso aún no ha sucedido, pero creo que nos estamos acercando», declaró LaFleur ante los medios en Green Bay, sin comprometerse con una fecha concreta para el retorno del número 1 de los Packers.
Un regreso que se sigue postergando
Parsons ya superó el plazo mínimo de cuatro semanas que los jugadores deben permanecer inactivos en la lista de físicamente incapaces de jugar (PUP): en teoría, podía haber comenzado a entrenar después de la Semana 2. Su trabajo de rehabilitación se ha intensificado en las últimas semanas, algo visible durante las partes abiertas de las prácticas, pero el club no quiere acelerar ningún plazo con su jugador franquicia.
El propio Parsons había calificado durante el campamento de entrenamiento como «muy realista» un regreso en la Semana 6, justamente frente a Dallas. Esa posibilidad quedó oficialmente descartada, y todo apunta a que también se perderá el compromiso de la semana siguiente contra los Detroit Lions, porque la organización quiere que complete más de una semana de entrenamientos antes de volver a disputar un partido oficial.
«Hay muchas pruebas que deben realizarse antes de que reciba el alta médica para saltar al campo», explicó LaFleur. «Y luego, estoy seguro de que querremos darle algo de tiempo para retomar el ritmo de juego. Como ocurre con la mayoría de los jugadores que se recuperan de una lesión grave, hace falta tiempo».
Precaución máxima con la gran inversión
Parsons se lesionó el 14 de diciembre y fue operado el 29 de diciembre, por lo que han pasado nueve meses y medio desde la intervención quirúrgica. Los Packers mantienen tradicionalmente fuera de actividad durante al menos nueve meses a los jugadores que se recuperan de una cirugía de ligamento cruzado antes de permitirles entrenar, y con su estrella defensiva no harán ninguna excepción.
El gerente general Brian Gutekunst había declarado el 1 de septiembre que tenía «una idea bastante clara» de que, superado el periodo inicial de cuatro partidos, el equipo estaría muy cerca de recuperarlo. Sin embargo, el propio directivo se apresuró a advertir que actuarían con total cautela a la hora de reincorporarlo, debido a la «gran inversión» realizada en el jugador y al deseo de contar con su mejor versión en la recta final de la temporada.
LaFleur reconoció que en toda la organización existía la esperanza de verlo de vuelta antes. «Es un portento físico, sin duda una fuerza de la naturaleza, y a veces hay que asegurarse de que el cuerpo esté en equilibrio. A lo que me refiero es a que no quieres que una pierna sea mucho más fuerte que la otra», añadió el entrenador.
Mientras tanto, Green Bay deberá afrontar uno de los duelos más atractivos de la Semana 6 sin su principal arma defensiva, y Parsons seguirá viendo los partidos desde la banda, como ya se le vio en el Lambeau Field. La franquicia prefiere perderlo unas semanas más que arriesgar al jugador sobre el que construyó su defensa: su estreno en la temporada deberá esperar, pero los Packers apuestan a tenerlo a pleno rendimiento cuando se definan los puestos de playoffs.
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