La marcha a Miraflores convocada este martes 13 de octubre por gremios, sindicatos, trabajadores activos y jubilados terminó detenida por un piquete de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en pleno centro de Caracas, antes de que la movilización pudiera llegar al palacio presidencial con sus reclamos salariales.
La jornada comenzó temprano en el centro de la capital, con concentraciones frente al Ipasme de La Hoyada y en los alrededores de la iglesia Sagrado Corazón de Jesús, en la avenida Universidad. Desde allí, pasadas las 10:20 de la mañana, los manifestantes avanzaron por la avenida Fuerzas Armadas hasta la Plaza La Moneda, en la parroquia Altagracia, entre consignas, pitos y pancartas que resumían el malestar: hay quienes no tienen «ni pa’l pasaje y la nevera vacía».
La marcha a Miraflores se detuvo en la Esquina Salas
El avance se frenó en la Esquina Salas, donde funcionarios de la PNB —con apoyo de contingentes que cerraron accesos al casco central— impidieron que la columna continuara su ruta. El comisario policial John García explicó a los manifestantes que la movilización no podía seguir porque el oficialismo había convocado otra marcha hacia el Palacio Federal Legislativo. Entre empujones y reclamos, los trabajadores condenaron que se les bloqueara una protesta convocada con una semana de anticipación.
No todo quedó en el cerco: una delegación de seis dirigentes sindicales logró cruzarlo e ingresar a la sede del Ejecutivo para consignar las cajas con más de 50.000 firmas y peticiones que la marcha llevaba como respaldo de sus exigencias.
Salarios, aguinaldos y presos políticos entre los reclamos
Los gremios de educación y salud encabezaron una lista de demandas que incluye un aumento salarial urgente —el salario mínimo permanece en 130 bolívares desde 2022—, el pago de los aguinaldos calculado sobre la bonificación mensual de 240 dólares que perciben algunos sectores, la derogación de la Plataforma Patria como método de pago y respuestas para las enfermeras que, denuncian, fueron excluidas de las nóminas sin justificación hace más de un año. Voces como las de Ana Rosario Contreras, del Colegio de Enfermeras de Distrito Capital, y Leyla Escobar, de la Federación Venezolana de Maestros, insistieron en que los trabajadores no alcanzan ni a cubrir el pasaje diario.
A la movilización también se sumaron familiares de presos políticos, que aprovecharon la jornada para exigir la excarcelación de los detenidos. En el interior del país, las delegaciones regionales acompañaron la convocatoria frente a gobernaciones y zonas educativas. La escena se repite en Venezuela: una marcha a Miraflores que no llega, y unos reclamos laborales que siguen esperando respuesta, como los que también rodean el debate económico que reflejan notas como la del dólar BCV de esta semana.
La protesta de este martes no es un hecho aislado. Desde que el salario mínimo quedó congelado en 130 bolívares en marzo de 2022, los gremios de la educación, la salud y las universidades han protagonizado decenas de movilizaciones en todo el país para exigir la restitución de las tablas salariales y el pago de bonificaciones en divisas.
La cercanía de diciembre suma presión por los aguinaldos: los sindicatos insisten en que ese pago debe calcularse sobre los ingresos reales que perciben los trabajadores y no sobre un sueldo mínimo que hoy no alcanza ni para un día de pasaje. Por eso la entrega de las más de 50.000 firmas era el centro político de la jornada: demostrar, papel en mano, que el reclamo tiene respaldo masivo entre trabajadores activos, jubilados y pensionados de varios estados del país.
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