El presidente de la República, Nicolás Maduro, se pronunció el lunes 9 de diciembre sobre la reciente caída del gobierno de Bashar al-Assad en Siria, advirtiendo a los miembros del “extremismo fascista” en Venezuela que un destino similar no ocurrirá en su país. Durante un acto conmemorativo del Bicentenario de la Batalla de Ayacucho, Maduro expresó su preocupación por las circunstancias “dolorosas” que enfrenta el pueblo sirio y condenó las voces que claman por un conflicto armado en Venezuela.
“Ahora salen las descocadas, los descocados del extremismo fascista, para pedir que en Venezuela se arme una guerra civil”, afirmó Maduro, enfatizando que tales deseos no se materializarán. En su discurso, el mandatario aseguró que el pueblo venezolano, en perfecta fusión popular, militar y policial, triunfará por el camino de la paz.
Las declaraciones de Maduro surgen en un contexto donde la líder opositora María Corina Machado ha señalado que la caída de al-Assad podría desmoralizar a quienes apoyan al régimen venezolano. Machado, durante una conferencia virtual en la Universidad Johns Hopkins, argumentó que la situación en Siria envía un mensaje claro a los escépticos sobre la posibilidad de derrocar regímenes autoritarios como el de Maduro.
En respuesta a estas afirmaciones, Maduro utilizó su discurso para reafirmar su confianza en la estabilidad del país. “Si Ayacucho fue el Waterloo del imperio español en América, si se atrevieran señores imperialistas y fascistas, (Venezuela) sería el Waterloo de todas las conspiraciones”, advirtió. Con estas palabras, buscó proyectar una imagen de fortaleza y unidad ante lo que considera amenazas externas e internas.
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Maduro insistió en que en Venezuela siempre habrá paz, estabilidad y unión nacional. “La Constitución prevalecerá. No se equivoquen porque el pueblo de Venezuela va a triunfar”, declaró con firmeza. Su retórica busca no solo calmar las inquietudes sobre posibles disturbios internos, sino también reafirmar su control sobre el país frente a lo que él describe como intentos imperialistas de desestabilización.
El presidente también hizo hincapié en el legado histórico de Antonio José de Sucre, llamando a una nueva liberación y un proceso renovado para Sudamérica y Nuestra América. “Nos llama a la unión”, subrayó, buscando inspirar un sentido de identidad nacional entre sus seguidores.


