El venezolano José Daniel Simancas Rodríguez, de 30 años, compartió su desgarradora historia tras pasar 15 días en la prisión de Guantánamo, Cuba. En un intenso relato a CNN, Simancas describió cómo fue engañado por las autoridades estadounidenses y llevado a esta famosa base naval, donde sufrió condiciones inhumanas que lo llevaron a contemplar el suicidio.
Simancas relata que su travesía comenzó en mayo de 2024, cuando decidió abandonar Venezuela buscando una mejor calidad de vida para él y sus cinco hijos. Después de atravesar la peligrosa selva del Darién y pasar por varios países como Ecuador, Panamá, Costa Rica y México, llegó finalmente a Estados Unidos. “Quería trabajar en el sector de la construcción, algo que he hecho toda mi vida”, comentó. Sin embargo, su sueño rápidamente se tornó en pesadilla.
Venezolano relata horrores en Guantánamo

Al llegar a suelo estadounidense, Simancas fue tratado como un delincuente, arrestado sin pruebas que justificaran tal trato. Tras ser detenido en un centro de inmigración, pasó por un proceso judicial incierto, donde su nacionalidad y tatuajes le costaron su libertad. Asegura que, por decir que era de Maracay, fue malinterpretado y acusado de tener vínculos con el “Tren de Aragua”, clasificado por EE. UU. como una organización terrorista.
“Fui el único que apartaron, solamente por decir que era de Maracay. Para ellos ya era del Tren de Aragua”, enfatizó Simancas, quien fue trasladado a una prisión federal antes de ser enviado finalmente a Guantánamo.
La llegada a Guantánamo resultó ser el inicio de una angustiosa experiencia. Simancas recuerda haber sido subido a un avión, creyendo que se dirigía a Miami, pero pronto se dio cuenta de que estaba siendo conducido a una de las instalaciones más temidas del mundo. “Nos trasladaron en un autobús con las ventanas tapadas, y al llegar sospeché que estábamos en Guantánamo”, agregó.
La odisea de Simancas no hizo más que comenzar; allí enfrentó condiciones infrahumanas. Relata que la celda apenas contenía una sábana y una almohada, y que la comida era escasa e insatisfactoria. “Lloré cada día durante esos 15 días… La tortura es eso, el encierro. No estás vivo, tú estás ahí y no estás vivo”, lamentó.
El horror de ser rodeado por gritos de otros detenidos acentuó su desesperación. “Ya me había rendido completamente”, confesó, recordando los pensamientos suicidas que cruzaron por su mente mientras se sentía completamente aislado del mundo exterior.
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Finalmente, su tiempo en Guantánamo culminó el 20 de febrero, cuando él y otros 177 venezolanos fueron deportados a Honduras y posteriormente enviados de regreso a Caracas. Aunque dedicado a intentar reanudar su vida, Simancas no puede evitar llevar consigo las cicatrices emocionales de su experiencia.
“Salí emocionado, pero aún atormentado por lo que viví allí. Si todo eso, ellos lo hicieron para evitar que uno vuelva al país, lo lograron. Querían ponernos un trauma, lo lograron. Quieres matarte todos los días”, reflexionó al recordar su tiempo en Guantánamo.
Hoy, de regreso en Venezuela, Simancas espera reintegrarse al mercado laboral como trabajador del sector de la construcción. Sin embargo, entiende que las sombras de su experiencia seguirán persiguiéndolo y que deberá aprender a dejar atrás esa parte oscura que entró a formar parte de su historia.
La historia de José Daniel Simancas Rodríguez es un testimonio impactante de las dificultades que enfrentan muchos migrantes en la búsqueda de una vida mejor.
Su experiencia resalta la necesidad de un enfoque atento y humano hacia los problemas migratorios, así como la urgente revisión de políticas que muchas veces conducen a situaciones extremas de sufrimiento y vulnerabilidad. La voz de Simancas sirve como recordatorio de que detrás de cada número y política hay historias humanas llenas de dolor y resiliencia.


