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Japón lanza la misión MMX a Fobos, la primera que traerá muestras de una luna de Marte

La misión MMX a Fobos despegó este lunes desde Japón con un objetivo histórico.

La misión MMX a Fobos despegó este lunes desde Japón con un objetivo histórico: traer a la Tierra las primeras muestras jamás recolectadas de una luna de Marte. La sonda Martian Moons eXploration (MMX), de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), partió a las 4:41 de la madrugada hora japonesa —las 7:41 p. m. del domingo en el Pacífico— a bordo de un cohete H3 desde el Centro Espacial de Tanegashima, en la isla de Kyushu, e inició un viaje de cinco años que terminará con una cápsula de regreso aterrizando en el desierto de Australia en 2031.

Lo que se sabe hasta ahora

  • La sonda MMX despegó este lunes a las 19:41 GMT (04:41 del martes en Japón) desde el Centro Espacial de Tanegashima, al sur de Kyushu.
  • Es el primer lanzamiento interplanetario del cohete japonés H3, cuyo vuelo inaugural fracasó en 2023 y retrasó la misión dos años.
  • Su destino es Fobos, la mayor de las dos lunas de Marte: 27 kilómetros de diámetro, a 6.000 km de la superficie marciana, que orbita el planeta tres veces al día.
  • La JAXA aspira a recoger al menos 10 gramos de material de Fobos en dos puntos distintos y traerlos a la Tierra para analizarlos.
  • El viaje incluye al rover Idefix, un pequeño explorador de cuatro ruedas desarrollado por Francia y Alemania que pesará apenas 15 gramos en la superficie de Fobos.
  • La llegada al sistema marciano está prevista para agosto de 2027 y el regreso a la Tierra en 2031, con participación de NASA, ESA, Francia, Alemania y España.

Qué hará la misión MMX a Fobos paso a paso

La sonda tardará cerca de un año en llegar a las inmediaciones de Marte, donde entrará en órbita en agosto de 2027. Desde una órbita cuasisatelital alrededor de Fobos pasará unos tres años observando en detalle esa luna y su compañera Deimos, y monitoreando el clima marciano. A principios de 2029 liberará al rover Idefix, uno de los momentos más críticos de la misión: posarse en Fobos, sin atmósfera y con una gravedad 2.000 veces menor que la de la Tierra, es una maniobra extrema en la que el robot podría rebotar y perderse para siempre.

Idefix lleva el nombre del perrito de Astérix y Obélix y fue desarrollado por las agencias espaciales de Francia (CNES) y Alemania (DLR), con contribuciones de Japón y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial de España (INTA). Llevará paneles solares, ruedas diseñadas para ese terreno imposible e instrumentos científicos aportados por la NASA —como MEGANE, que medirá la composición elemental de Fobos con rayos gamma y neutrones— y por España, incluido el espectrómetro Raman RAX que usa luz láser para identificar minerales en la superficie.

Tras las observaciones del rover, la nave principal descenderá una o dos veces sobre la superficie de Fobos para recoger las muestras: al menos 10 gramos de tierra y rocas, en dos puntos distintos —uno mirando hacia Marte y otro en la cara opuesta—. En 2030 abandonará el sistema marciano y emprenderá el viaje de un año de vuelta, hasta soltar en 2031 una cápsula de reentrada que aterrizará en paracaídas en el desierto de Australia.

El misterio que Fobos esconde sobre Marte y el sistema solar

Más allá de la hazaña técnica, la ciencia que persigue la misión puede resolver uno de los enigmas más antiguos de la planetología: de dónde salieron las lunas de Marte. «Dos hipótesis principales explican el origen de las lunas de Marte: el escenario de captura y el escenario de un impacto gigantesco. El análisis de muestras puede determinar cuál de estos escenarios dio lugar a Fobos», explicó a EFE el investigador principal de la misión, Kiyoshi Kuramoto. Es decir, nadie sabe si Fobos y Deimos son dos pedazos de Marte arrancados por un impacto primitivo o asteroides capturados por la gravedad del planeta.

El proyecto también apunta al origen del agua y de los materiales clave para la vida en Marte y en otros planetas. «Los datos y las muestras que recoja la MMX nos abrirán una ventana para estudiar la evolución de Marte y el sistema solar», dijo Elliot Sefton-Nash, científico de la Agencia Espacial Europea que participa en el proyecto. Y recordó el valor a largo plazo: las muestras seguirán siendo estudiadas por generaciones futuras con instrumentos aún más avanzados.

El pasado de fracasos y éxitos que puso a Japón en Fobos

La misión estaba prevista para 2024, pero el sonado fracaso del vuelo inaugural del cohete H3 en 2023 —su motor de segunda etapa no se encendió— obligó a JAXA a retrasar el lanzamiento a la ventana de 2026 para no arriesgar un proyecto de más de 300 millones de euros. Este despegue es, además, la primera misión interplanetaria de ese lanzador insignia del país.

Ningún país ha conseguido nunca aterrizar en las lunas marcianas: la Unión Soviética lo intentó en los sesenta sin éxito. Japón, en cambio, ya demostró su pericia trayendo a la Tierra los primeros gramos de material de asteroides: de Itokawa en 2005 y de Ryugu en 2020. Es el mismo Japón que esta semana mostró músculo estratégico en el ejercicio Keen Sword, donde desplegó por primera vez sus misiles de largo alcance junto a Estados Unidos.

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