El presidente saliente de Estados Unidos, Joe Biden, ha tomado una decisión histórica al retirar a Cuba de la lista de países que promueven el terrorismo, un movimiento que se produce a menos de una semana de que el presidente electo, Donald Trump, asuma nuevamente el cargo. Esta medida, anunciada el 14 de enero de 2025, busca facilitar la liberación de varios presos políticos en la isla y se enmarca dentro de un proceso de mediación que cuenta con el apoyo del Vaticano.
La decisión de Biden ha sido calificada por altos funcionarios de su administración como un «gesto de buena voluntad» destinado a facilitar la liberación de personas que han sido «injustamente detenidas» en Cuba. En este contexto, se anticipa que «en relativamente poco tiempo» se producirá la liberación de un número «significativo» de prisioneros, incluidos aquellos que participaron en las protestas del 11 de julio de 2021.
La Casa Blanca ha indicado que esta acción responde a las peticiones realizadas por varios socios internacionales, incluyendo la Unión Europea, España, Brasil, Colombia, Chile y Canadá, quienes han instado a Estados Unidos a reconsiderar la inclusión de Cuba en esta lista.
Biden también ha decidido suspender la capacidad de los ciudadanos estadounidenses para presentar reclamaciones en los tribunales respecto a propiedades cubanas expropiadas. Esta medida revierte una política implementada por Trump durante su primer mandato, que activó el Título III de la ley Helms-Burton, permitiendo a los estadounidenses demandar por propiedades confiscadas desde 1959.
La inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo fue una de las últimas decisiones tomadas por Trump antes de dejar el cargo en enero de 2021. Esta designación se justificó alegando la presencia en la isla de miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) colombiano, quienes viajaron a La Habana para iniciar negociaciones de paz con el gobierno colombiano. Ser parte de esta lista conlleva severas sanciones económicas, restricciones en la ayuda exterior y un mayor control sobre las exportaciones.
Cuba había sido incluida en este listado desde 1982, pero fue retirada en 2015 durante el acercamiento diplomático impulsado por el entonces presidente Barack Obama. Sin embargo, Trump revirtió este «deshielo» y redobló las sanciones contra La Habana.
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La decisión de Biden no solo marca un cambio significativo en la política estadounidense hacia Cuba, sino que también plantea interrogantes sobre cómo será abordada esta relación bajo la próxima administración de Trump. Se espera que el nuevo secretario de Estado, Marco Rubio, un firme defensor de una postura dura contra La Habana, influya en futuras políticas hacia la isla.
Biden ha dejado claro que su administración busca promover más libertad y democracia en Cuba, así como un mayor respeto por los derechos humanos. En este sentido, la eliminación del estatus terrorista podría abrir nuevas oportunidades para el diálogo y la cooperación entre ambos países.


