José Mourinho bajó las expectativas en la víspera europea del Real Madrid.
José Mourinho bajó las expectativas en la víspera europea del Real Madrid. El entrenador portugués declaró este martes que «el Real Madrid, ahora, no tiene el objetivo de ganar la Champions», en la rueda de prensa previa al partido frente al Leipzig en el Santiago Bernabéu, correspondiente a la tercera jornada de la Liga de Campeones. Su mensaje fue de calma y de pasos cortos: primero asegurar la clasificación y después pelear por meterse entre los ocho primeros para evitar el playoff.
Ganar la Champions puede esperar: primero, clasificar
«Es muy pronto. El Real Madrid, ahora, no tiene el objetivo de ganar la Champions, el objetivo ahora es clasificar. Después, si llegamos a los puntos que nos permiten la clasificación, viene el segundo objetivo. Ese es evitar el playoff, dos partidos que te meten en la situación de knockout», explicó Mourinho ante los medios. El técnico puso incluso cifras a la hoja de ruta: «Tengo la sensación de que van a ser necesarios muchísimos puntos para escapar del playoff. Vamos poco a poco, primero llegar a los 11 o 12 que te permiten clasificar. Y después de conseguirlo, ir con todo para quedar en los primeros ocho».
La prudencia del portugués contrasta con la exigencia histórica del club blanco en Europa, pero responde al nuevo formato de la competición, en el que la fase de liga castiga los tropiezos con una ronda extra en febrero. Otros grandes también llegan a esta jornada con bajas sensibles, como le ocurre al Manchester City, que afronta la Champions con Semenyo ocho semanas fuera y Haaland en duda, un recordatorio de que el camino europeo se decide tanto en la enfermería como en el campo.
«Falta mucho»: un equipo todavía en construcción
Mourinho insistió en que su trabajo en el Real Madrid está lejos de estar terminado. «Falta mucho, estamos aquí hace tres o cuatro meses, es imposible estar donde queremos estar. Hay que mejorar siempre, individual y colectivamente. Cuanto más conocimiento tengo de los jugadores y los jugadores de mí, más empatía técnica y táctica vamos a tener. Entiendo que las exigencias de un club como el Real Madrid son máximas», reconoció.
El entrenador defendió además su manera de trabajar y su disposición a cambiar de planes: «Es una acumulación de experiencias, de trabajo, de conocimiento que el entrenador puede tener de sus jugadores. Yo no soy un entrenador cabezón, de los que tienen una idea y viven o mueren con esa idea. Estoy siempre abierto a analizar, entender cosas y buscar lo mejor para mi equipo. Estoy contento con muchas cosas, no estoy contento con otras, y hay que seguir trabajando», señaló. Y cerró su balance personal con una declaración de intenciones: «No he venido aquí con el objetivo de estar 100 o 200 días, o tres años, o más; he venido con el objetivo de cada día dar mi máximo en la construcción de un futuro mejor. Quien da lo máximo no es obligado a dar más».
El Leipzig, un rival que no se fía del tropiezo en Múnich
Sobre el rival de este martes en el Bernabéu, Mourinho pidió no dejarse engañar por las apariencias. «El Leipzig no es el equipo que perdió mal en Múnich. Es el equipo que le ganó al PSV y tiene tres puntos y se quiere clasificar. Ese es el Leipzig», subrayó. También valoró la racha reciente de los suyos sin lanzar las campanas al vuelo: «Nosotros ganamos tres partidos en poco tiempo, y el último ganamos jugando muy bien, un partido muy completo, pero hay que seguir. No significa que por ganar tres se gane el cuarto. Hay que jugar y ganar».
La frase del día, en todo caso, ya quedó escrita antes del pitido inicial: en el club donde la Copa de Europa se exige como una obligación, su entrenador pide tiempo y ordena las metas por escalones. Si el Madrid suma ante el Leipzig, la hoja de ruta de Mourinho —11 o 12 puntos, clasificación directa y evitar el playoff— empezará a verse menos como prudencia y más como un plan. Y en una semana en la que el fútbol europeo también castigó a uno de sus nombres propios, con Cristiano Ronaldo sancionado con 30 días de suspensión, el Bernabéu medirá esta noche si el discurso de su técnico se sostiene sobre el césped.