Estonia acusó este jueves a Rusia de causar interferencias en el GPS que afectan al tráfico aéreo sobre el mar Báltico. El ministro estonio de Transporte, Kuldar Leis, aseguró que las autoridades de su país detectaron perturbaciones deliberadas de la señal de navegación satelital y que el fenómeno se ha intensificado desde principios de 2026, hasta cubrir una gran área del espacio aéreo de la región.
La denuncia, recogida por France 24 a partir del cable de AFP, llega en plena tensión entre Moscú y los países de la OTAN que rodean el Báltico, el mismo escenario donde esta semana Alemania detuvo a un presunto espía ruso que recababa datos militares.
Las interferencias en el GPS alcanzan a una ruta con 1.000 aviones al día
Cada día sobrevuelan Estonia alrededor de 1.000 aeronaves, y todas utilizan la navegación por satélite para orientarse. El Gobierno estonio precisó que no todas han resultado necesariamente afectadas por las perturbaciones, pero admitió que el volumen de tráfico convierte cualquier episodio de interferencias en el GPS en un problema serio de seguridad aérea.
Ante esa situación, Tallin trabaja con Eurocontrol, el organismo europeo de gestión del tráfico aéreo, para garantizar la seguridad de los vuelos, y mantiene contactos con sus socios regionales: Letonia, Suecia, Finlandia, Polonia y Alemania. Estonia además ya llevó el asunto al nivel internacional y al seno de la Unión Europea, y trabaja con sus aliados para encontrar soluciones.
Lo que se sabe hasta ahora
La acusación: el ministro de Transporte de Estonia, Kuldar Leis, señala directamente a Rusia como causante de las interferencias en el GPS sobre el Báltico.
La evolución: según el Gobierno estonio, las perturbaciones se intensificaron desde principios de 2026 y hoy afectan a una gran área del espacio aéreo regional.
El tráfico expuesto: unas 1.000 aeronaves sobrevuelan Estonia cada día y todas navegan con apoyo satelital.
El país más golpeado: Finlandia, por su geografía y su cercanía con Rusia a través del golfo de Finlandia.
El efecto visible: algunas compañías suspendieron temporalmente sus vuelos a Tartu, la segunda ciudad de Estonia.
La respuesta: coordinación con Eurocontrol y con Letonia, Suecia, Finlandia, Polonia y Alemania, y denuncia ante foros internacionales y de la UE.
Finlandia, la más afectada por su cercanía con Rusia
De los países de la región, Finlandia es el que más sufre las interferencias en el GPS, por su geografía y por su proximidad a Rusia, con la que comparte el golfo de Finlandia y una larga frontera terrestre. Las perturbaciones de la señal GPS —un fenómeno conocido como «jamming», que consiste en emitir señales que ahogan o bloquean las que envían los satélites— se han convertido en una queja recurrente de los países bálticos y nórdicos desde que la guerra de Ucrania tensó el flanco oriental de la OTAN, el mismo conflicto que hoy empuja a Kyiv a evacuar a las familias de Kramatorsk y Sloviansk.
En el caso estonio, la consecuencia práctica más visible ha sido la suspensión temporal de vuelos comerciales hacia Tartu, la segunda ciudad del país, por parte de algunas aerolíneas que consideraron que operar allí en medio de las interferencias en el GPS elevaba demasiado el riesgo operativo.
Un satélite de la constelación GPS. Las interferencias denunciadas por Estonia bloquean las señales de navegación que emiten estos satélites. Foto: Wikimedia Commons
Por qué los vuelos no se detienen, según los expertos
Pese a la gravedad de la acusación, las autoridades estonias subrayan que las interferencias en el GPS no impiden volar: cuando la señal satelital falla o se degrada, las aeronaves recurren a otros sistemas de navegación. Los especialistas citados en el debate europeo describen estas perturbaciones como una táctica de hostigamiento más que como una catástrofe aérea, aunque advierten que obligan a pilotos y controladores a trabajar con márgenes de seguridad más estrechos.
Esa es, precisamente, la línea de la denuncia de Tallin: no se trata solo de un problema técnico, sino de una presión constante sobre la aviación civil de países aliados, planteada además ante la Unión Europea y en foros internacionales mientras Zelensky pide no levantar las sanciones contra Putin.
Por qué importa
El Báltico es hoy uno de los puntos más sensibles del pulso entre Rusia y la OTAN: por su cielo pasan cada día cientos de vuelos comerciales que conectan el norte y el este de Europa con el resto del continente. Que un Gobierno aliado acuse abiertamente a Moscú de provocar interferencias en el GPS y en la navegación de esos aviones eleva la disputa a un terreno nuevo, el de la seguridad de la aviación civil, y explica que Estonia busque una respuesta coordinada con Eurocontrol y sus vecinos antes de que una interferencia coincida con un incidente real.