La ONU lanzó este miércoles 21 de octubre un llamamiento de emergencia ante un fenómeno de El Niño sin precedentes.
La ONU lanzó este miércoles 21 de octubre un llamamiento de emergencia ante un fenómeno de El Niño sin precedentes: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico llegue a situarse 3,8 grados por encima de la media entre noviembre y enero, un valor que jamás se ha registrado y que, en palabras de su secretaria general, Celeste Saulo, queda «literalmente fuera de las escalas de seguimiento» utilizadas durante las últimas cuatro décadas.
«En el día de hoy lanzamos un llamamiento conjunto a favor de una acción anticipada urgente y coordinada. No podemos impedir El Niño, pero sí podemos prevenir muchas de sus consecuencias humanas más graves», declaró Saulo ante la prensa en Ginebra, en una comparecencia conjunta con el jefe de operaciones humanitarias de la ONU, Tom Fletcher. Ambos pidieron al mundo prepararse desde ya, y no cuando el daño esté hecho.
El Niño sin precedentes: un 3,8 que nunca se había medido
Según la última evaluación de la OMM, las aguas del centro y el este del Pacífico ecuatorial —la región donde nace el fenómeno— se calentarán hasta ese 3,8 por encima de lo normal en el trimestre de noviembre a enero. «Nunca hemos registrado un valor de 3,8 en el pasado. Durante algunos episodios de El Niño particularmente intensos hemos observado valores cercanos a 3, los cuales tuvieron repercusiones muy significativas a nivel mundial», explicó Saulo. «Nos salimos del marco de nuestros registros y estadísticas habituales sobre lo que podemos esperar», advirtió.
La OMM espera que el episodio alcance su máxima intensidad hacia finales de 2026, pero sus repercusiones —sequías, lluvias torrenciales e inundaciones en distintos puntos del planeta— se sentirán mucho después de esa fecha. El fenómeno, que regresa cada dos a siete años, se suma además al calentamiento causado por la actividad humana, que ya de por sí potencia los eventos meteorológicos extremos.
Lo que se sabe hasta ahora
- La OMM prevé una anomalía de 3,8 °C sobre la media en el Pacífico entre noviembre y enero: nunca se ha registrado un valor así.
- El pico de intensidad llegará a finales de 2026 y los efectos se prolongarán mucho después.
- La ONU movilizó más de 50 millones de dólares de su fondo de emergencias para once países en primera línea.
- América Latina, África oriental y austral, Asia y el Pacífico serán las regiones más golpeadas, según el jefe humanitario de la ONU.
- La inseguridad alimentaria de 50 millones de personas podría empeorar por los efectos del fenómeno.
50 millones de dólares y once países en primera línea
Fletcher anunció que la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) movilizó más de 50 millones de dólares a través de su fondo central de intervención de emergencia para asistir a once países especialmente expuestos, entre ellos Chad, El Salvador, Etiopía, Somalia y Sudán del Sur. También reclamó a los países, a los bancos de desarrollo y a las instituciones financieras desbloquear financiamiento «antes de que se produzcan los daños, y no después».
El detalle por regiones es concreto: Somalia, Etiopía y Kenia necesitan fondos y suministros antes de la llegada de las fuertes lluvias; el sur de África necesita semillas y ganado antes del cierre de los períodos de siembra y preparación agrícola; América Central necesita ayuda inmediata para preservar los medios de subsistencia de su población; y Asia y el Pacífico deben prepararse para enfrentar sequías, inundaciones y ciclones.
«Una verdadera fuerza destructiva» que golpeará a América Latina
«Este episodio de El Niño es un fenómeno colosal. Es una verdadera fuerza destructiva (…) va a golpear de lleno a América Latina, África oriental y austral, Asia y la región del Pacífico», alertó Fletcher, que teme consecuencias humanitarias «considerables»: choques económicos y más conflictos, desplazamientos de población y migraciones.
Para Venezuela y Colombia la advertencia no es abstracta: los episodios fuertes de El Niño se han traducido históricamente en sequías severas, presión sobre los embalses y las cosechas, y lluvias extremas en otras zonas del continente. En Colombia, el Gobierno ya encendió sus propias alarmas esta misma semana: la ministra de Minas advirtió que el país no tiene gas suficiente para afrontar El Niño, una señal de lo rápido que el fenómeno puede pasar del pronóstico a la factura diaria de los hogares.
La OMM matizó, eso sí, que la intensidad de un episodio no basta por sí sola para determinar la gravedad de sus consecuencias en cada país: los efectos varían según otros factores climáticos, en particular las condiciones de los océanos Índico y Atlántico. Aun así, el mensaje de Ginebra fue unánime: prepararse ahora cuesta una fracción de lo que costará responder después. El seguimiento oficial del fenómeno puede consultarse en el sitio de la Organización Meteorológica Mundial.