El gasoducto Antonio Ricaurte volverá a operar después de más de una década inactivo. La estatal colombiana Ecopetrol anunció este miércoles 4 de noviembre que el gobierno de Colombia incluyó la obra binacional en la lista de Proyectos de Interés Nacional y Estratégico (PINES), el paso formal para rehabilitar su infraestructura e importar gas natural desde Venezuela.
El tendido, de 225 kilómetros, conecta el departamento de La Guajira con la cuenca del lago de Maracaibo, en el estado Zulia: 88 kilómetros corren por suelo colombiano y 137 por territorio venezolano. Una vez restituida su operatividad técnica, la tubería tendrá una capacidad máxima de transporte de hasta 450 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, cerca de 50% de la demanda colombiana.
El gasoducto Antonio Ricaurte importará 50 millones de pies cúbicos diarios en su primera fase
En la primera etapa del proyecto, Ecopetrol contempla importar 50 millones de pies cúbicos diarios procedentes del mercado venezolano, un volumen equivalente a cerca de 5% del consumo nacional de Colombia. «La iniciativa permitirá avanzar en la rehabilitación de una infraestructura con capacidad de transportar hasta 450 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, equivalentes a cerca de la mitad del consumo nacional», precisó la compañía en un comunicado corporativo.
La empresa advirtió, sin embargo, que esa cifra inicial es una expectativa de suministro: su materialización depende del cumplimiento de los requisitos técnicos y regulatorios, de los permisos interinstitucionales y de las autorizaciones internacionales pendientes. Ecopetrol no precisó la fecha de puesta en marcha de los flujos ni el monto de inversión que exigirá el mantenimiento estructural del tendido.
Un déficit energético que empuja a Colombia a mirar hacia Venezuela
La decisión responde al déficit que afronta el sector energético colombiano, donde aproximadamente 40% del suministro que se consume debe importarse. La reducción de las reservas probadas y las presiones asociadas a fenómenos climáticos como El Niño aceleraron la búsqueda de alternativas de transporte por tubería directa, una vía que evita los costos operativos de licuefacción y regasificación del gas natural licuado (GNL).
La declaratoria del gasoducto Antonio Ricaurte como proyecto estratégico fortalece la coordinación institucional para avanzar en su recuperación e incorporar el gas venezolano al sistema nacional colombiano. Para Venezuela, la reactivación abre una ruta de exportación directa hacia su vecino occidental por una infraestructura que ya existe y que solo requiere rehabilitación, en un momento en el que el país busca ampliar sus ingresos por hidrocarburos.
El anuncio se produce el mismo día en que Colombia evalúa nuevas fuentes de abastecimiento para garantizar su seguridad energética. La rehabilitación del gasoducto será ahora el termómetro de la cooperación energética entre Bogotá y Caracas: si los permisos avanzan, el primer gas venezolano podría cruzar La Guajira sin necesidad de construir un solo kilómetro nuevo de tubería.
La infraestructura no es nueva en los planes de ambos países: el gasoducto fue inaugurado en su momento como símbolo de la integración energética andina y llegó a transportar gas colombiano hacia Venezuela antes de invertir su flujo en los planes de importación que Colombia estudia desde hace años. Su inclusión entre los Proyectos de Interés Nacional y Estratégico le otorga ahora prioridad administrativa, agiliza los trámites ante los organismos reguladores y coloca su recuperación en el centro de la agenda energética binacional de los próximos meses.