Las ballenas piloto varadas en Nueva Zelanda movilizaron este jueves a vecinos, voluntarios y autoridades ambientales en la costa de Ngawi.
Las ballenas piloto varadas en Nueva Zelanda movilizaron este jueves a vecinos, voluntarios y autoridades ambientales en la costa de Ngawi, cerca del cabo Palliser, el punto más meridional de la Isla Norte. El Departamento de Conservación neozelandés confirmó que cuatro de los ejemplares siguen vivos y que los equipos se preparan para intentar devolverlos al mar aprovechando la marea alta.
La operación se desarrolla contrarreloj sobre la arena oscura de la bahía, donde los rescatistas mantienen húmedos a los animales y los protegen mientras esperan la subida del agua. Devolver a una ballena piloto a mar abierto exige hacerlo en el momento exacto: si se intenta demasiado pronto, el animal puede volver a quedar atrapado en la orilla, y si se espera demasiado, su estado se deteriora fuera del agua.
Ballenas piloto varadas en Nueva Zelanda: cuatro ejemplares siguen vivos
El organismo de Conservación no precisó cuántos animales murieron en el varamiento, un dato que mantiene en reserva mientras concentra el esfuerzo en los supervivientes. En las labores participan voluntarios de la comunidad local maorí y miembros de la organización ecologista Project Jonah, que movilizó a uno de sus veterinarios para evaluar el estado de salud de las cuatro ballenas que respiran todavía en la orilla.
Las imágenes del operativo muestran a grupos escolares y a residentes de la zona empujando junto a los rescatistas entre las olas, en una cadena humana que se repite cada vez que un varamiento masivo sacude las costas del país. Las ballenas piloto, de nombre científico Globicephala melas, son animales profundamente sociales que se desplazan en manadas unidas, una característica que los especialistas citan para explicar por qué, cuando uno o varios ejemplares quedan atrapados, el grupo entero puede terminar en la arena.
Para los equipos en el terreno, las ballenas piloto varadas en Nueva Zelanda son una emergencia que se mide en horas: cada ejemplar necesita mantenerse húmedo, protegido del sol y en una posición que le permita respirar hasta que la marea haga su parte del trabajo.
Un fenómeno recurrente sin una explicación cerrada
Nueva Zelanda y el sur de Australia registran varamientos frecuentes de ballenas y delfines, sin que los expertos hayan logrado esclarecer por completo sus motivos. Entre las causas que se barajan figuran las enfermedades, los errores de navegación, los cambios repentinos de las mareas, la huida de depredadores y las condiciones meteorológicas extremas, una combinación que hace de cada episodio un caso distinto de estudiar.
El antecedente más grave que recuerda el país ocurrió en octubre de 2022, cuando casi 500 ballenas piloto murieron tras quedar varadas en una playa de las remotas islas Chatham, situadas a unos 840 kilómetros de la Isla Sur. Aquel episodio marcó a las comunidades costeras y a los equipos de rescate, que desde entonces refuerzan sus protocolos para responder en las primeras horas, cuando las opciones de reflotar a los animales todavía son reales.
Por ahora, toda la atención está puesta en la marea alta en Cape Palliser: si el veterinario de Project Jonah da el visto bueno y el mar acompaña, las cuatro supervivientes de las ballenas piloto varadas en Nueva Zelanda tendrán su oportunidad de volver a aguas profundas. El desarrollo de este y otros sucesos internacionales se puede seguir en la cobertura de Mundo de La Noticia De Hoy y en historias recientes como la ofensiva legal contra JBS por la deforestación de la Amazonía, además de la portada del diario.
Foto: Voluntarios y vecinos intentan rescatar a una ballena piloto varada en Cape Palliser, Nueva Zelanda, el 5 de noviembre de 2026. Foto de Marty Melville, AFP, vía DW (agencia).